Medio Ambiente
Un lago sin refugio: la lucha vecinal por salvar a los patos de Catarroja
Un grupo de vecinos se organiza para limpiar el lago, construir refugios artificiales y proteger a las aves acuáticas ante la falta de apoyo institucional

Ada Dasí

Varias especies de patos, collverds y patos mudos, en su gran mayoría, conviven en el parque de Les Barraques de Catarroja, ese rincón al que todos llaman, popularmente, el parque de los Patos. Un nombre que no es casual, sino el reflejo de una vida que late en el lago y que el vecindario se resiste a perder. Es habitual, sobre todo por las tardes, ver a padres y madres con sus hijos, dando de comer a estos simpáticos habitantes de la zona.
El bienestar de estas aves acuáticas se ha convertido en una causa común. Tanto, que un grupo de vecinos y vecinas ha decidido organizarse para cuidar de los animales y del lago, protegiendo no solo su hábitat, sino también la esencia de este espacio tan querido. Mantener vivo el parque de los Patos es, para ellos, una forma de preservar parte de su identidad.
Época de cría
Según estos voluntarios, actualmente hay sobre medio centenar de aves acuáticas viviendo en el lago, y la cifra crece en época de cría. Pero no todo es esperanza. “Los patitos recién nacidos que ves ahora puede que en un rato ya no estén porque se los han comido las gaviotas”, explica María Berenguer, una de las vecinas implicadas.
Recuerda que antes de la dana, un cañar en medio del lago servía de refugio natural. “Ahora están totalmente expuestos a sus depredadores, las gaviotas, incluso al vandalismo, porque no tienen un lugra seguro donde anidar”, añade. De hecho, las patas se refugian bajo los cipreses para poner sus huevos, al alcance de cualquiera. Hace unas semanas, incluso denunciaron ante el Seprona el robo de huevos, algunos de los cuales aparecieron estampados en el suelo, con los patitos a medio formar.
Aun así, cada domingo vuelven. Se calzan las botas de agua y entran al lago para limpiarlo. Lo hacen sin esperar nada a cambio, movidos únicamente por el compromiso. “Hemos llegado a sacar una farola que se rompió y la tiraron al agua”, cuenta María. El motor no funciona y el agua permanece estancada, “terriblemente contaminada”, sin movimiento, con una suciedad que salta a la vista.

Una joven da de comer a los patos del lago. / Ada Dasí
Soluciones de los voluntarios
Pero donde falta apoyo institucional, como señalan los voluntarios, sobra ingenio y voluntad. Este grupo ha instalado casetas de plástico donadas por la protectora local el Rebrot de la Vida, para que las madres y sus crías tengan un lugar donde refugiarse. También han construido cañares artificiales con palets. “Primero los hicimos de juncos, me gasté casi 200 euros, pero acabaron comiéndoselos los patos”, recuerda María. Ahora las plantas, son de plástico. Además, han colocado rampas de madera para facilitar que los patitos puedan entrar y salir del agua con mayor facilidad.
A pesar de los carteles instalados por el ayuntamiento para evitar que los visitantes alimenten a las aves, sigue siendo habitual que les echen comida de todo tipo, muchas veces sin saber el daño que pueden causar, ya que esto también atrae a otro tipo de fauna como los roedores y afecta a la salubridad del parque, con un colegio justo al lado.
“Esto debería ser competencia del ayuntamiento y está recayendo en los voluntarios que nos interesamos por el bienestar de los patos”, lamenta María y señala que deberían hacer un censo. “Les han dejado a su suerte”, critica. Y añade: “Estos patos han nacido aquí, no conocen otros espacios y no saben cómo salir del recinto. Lo que queremos es que se restituya lo que había antes”.
También señala problemas en la alimentación: “no son las cantidades ni la comida correcta; la última vez compraron pienso para caballos y es lo que les están dado ahora”. La ausencia de vallado del parque, que se llevó la dana, también influye en el mal estado del lago, que se ha convertido en un espacio prolífico para los botellones nocturnos.

La caseta de plástico y los palets con plantas artificiales. / Ada Dasí
Problema vecinal
El presidente de la asociación vecinal Recuperem Les Barraques, Toni Morellá, respalda las reivindicaciones de los voluntarios y están pensando en iniciar una campaña de firmas. “Este es nuestro pequeño pulmón verde y hay que cuidarlo”, afirma. “Los vecinos tenemos paciencia y sabemos que no es fácil ni rápida la recuperación tras la dana, pero creemos que ha pasado el tiempo suficiente para que el barrio sea una prioridad”.
Un ejemplo de la implicación de la asociación en recuperar esta zona del municipio queda patente en el proyecto que está a punto de desarrollar junto a L’Ullal para instalar carteles con un mapa de la Albufera con la fauna y la flora autóctona, por su relación con este barrio tradicionalmente de pescadores, que pueden descubrir en este mismo parque.
Proyecto de recuperación
El Parc de Les Barraques se renovó como parte de un proyecto de recuperación tras la dana, a cargo de Saludes Parques, en colaboración con Pavasal, y la Fundación Hortensia Herrero, con el objetivo de ofrecer un espacio seguro y divertido para los niños. No obstante, fuentes municipales han señalado que se ha previsto restituir la vegetación central del lago cuando entre en vigor el presupuesto municipal, aprobado recientemente, lo que servirá para proteger a los animales del lago, como demandan los vecinos.
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