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Tribuna

La comarca de l’Horta y la celebración del 750 aniversario de la muerte de Jaume I

Los símbolos culturales que Jaume I legó a l'Horta tras su muerte continúan definiendo la personalidad de la comarca en el siglo XXI

Retrato de Jaume I, por Esteve March (aprox. 1660). Se halla en el Palau de la Generalitat Valenciana. Junto al rey está pintada la crucial Batalla de El Puig.

Retrato de Jaume I, por Esteve March (aprox. 1660). Se halla en el Palau de la Generalitat Valenciana. Junto al rey está pintada la crucial Batalla de El Puig. / Levante-EMV

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Julio Samuel Badenes Almenara. Cronista de El Puig de Santa María

El Puig

¿Sería explicable la personalidad histórica de los pueblos de la comarca de l’ Horta sin el cambio cultural que se inició con la conquista y fundación del reino cristiano en 1238? Sin ese legado jaimino, que fue evolucionando hasta la actualidad, los pueblos de l’Horta no serían lo que son, culturalmente hablando, por ello es necesario celebrar su legado en el 750 aniversario de su muerte como un ejercicio de reflexión identitaria.

El Llibre dels fets nos dice que el 27 de julio de 1276 falleció el rey Conquistador estando en Valencia. De modo que durante dos años estuvo enterrado en la catedral de Valencia, hasta que su hijo Pedro el Grande pudo trasladarlo al monasterio de Poblet, donde deseaba Jaume I, según su testamento, ser sepultado, tras un intenso y largo reinado.

Y al salir de Valencia hacia Poblet toda la comitiva funeraria, liderada por Pedro el Grande, por el camino Real de Morvedre, antigua Vía Augusta, que constituye la columna vertebral de la comarca de l’Horta, junto con su arteria vital que es la acequia de Moncada, el ataúd de Jaume I fue pasando por todas las alquerías o poblaciones musulmanas que él había donado a nobles y órdenes religiosas, convirtiéndolas en poblaciones cristianas que formaban, ahora, parte del nuevo reino fundado por él, e infundiéndoles una nueva dirección histórica y cultural.

Narración del cronista Muntaner

Y como nos narra el cronista Muntaner en el cap. XXVIII de su obra, en todos los municipios por los que atravesaba el cortejo fúnebre que acompañaba el cadáver del monarca, “en cascun Castell, vila o lloc on venien, així com d’abans lo solien reebre ab grans balls e ab grans alegres, així el reebien ab grans plors e crits e plants”. Jaume I era el rey que había poblado l’Horta, fundamentalmente con catalanes y aragoneses y, ahora, cuarenta años después de la conquista, también lloraban su muerte auténticos valencianos y valencianas nacidos en los pueblos de l’Horta a los que el Conquistador había insuflado una nueva identidad y dirección política.

Y al llegar a la altura de El Puig de Santa María, podemos imaginar cómo Pedro el Grande, montado en su caballo, junto a los restos mortales de su padre, se detuvo para contemplar al este del cami Reial los muros y las torres del castillo de El Puig desde el que Jaume I y su tío Bernat Guillem de Entença divisaron todas las alquerías musulmanas de l’Horta que rodeaban y alimentaban a la ansiada ciudad del Turia. Por ello, en la reunión de Alcañiz el Conquistador lo eligió, como hizo anteriormente el Cid, para preparar y conseguir la conquista de Valencia y su reino.

Y al fijar la comitiva su vista más al sur divisó todo el espacio, entre La Pobla de Farnals y la fortaleza pugenca, en el que tuvo lugar la batalla de El Puig o de Enesa que abrió las puertas a la toma final de Valencia. Y más al fondo, divisó Pedro el Grande la iglesia-monasterio que mandó construir Jaume I, entre 1238 y 1240, como referente cultural, histórico y espiritual del nuevo reino; que donó a la Orden de la Merced para que custodiara en su interior a la patrona de la ciudad y reino de Valencia, la Virgen de El Puig de Santa María, que para Jaume I había hecho posible, con su ayuda, la toma final de Valencia. Y junto a ella, el Conquistador mandó que reposaran los restos de su tío Bernat Guillem de Entença, al que le tenían tanto fervor los valencianos y valencianas, que lo visitaban por haber sido el que preparó la conquista y ganó la batalla de El Puig.

Todos estos símbolos que representaban el ADN cultural que legaba Jaume I, tras su muerte, han llegado hasta el siglo XXI, y siguen definiendo la personalidad histórico-cultural, y condicionando las acciones sociales, de los pueblos de l’Horta, por ello debemos recordar y conmemorar el 750 aniversario de la muerte de Jaume I el Conquistador.

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