Reconstrucción
El vehículo se adueña de la zona cero tras la dana en l'Horta Sud
El parque móvil de Paiporta crece en 1.400 utilitarios y el de Catarroja sube más de 800, con un incremento significativo en los híbridos y eléctricos

La Plaza Mayor de Catarroja convertida en aparcamiento controlado. / A. D.

La dana del 29 de octubre de 2024 no solo cambió para siempre la fisonomía de los municipios que quedaron bajo el agua, también alteró su presente y, en algunos aspectos, está dibujando un futuro diferente. El que más o el que menos aquella tarde perdió su vehículo, puesto que la fuerza del agua arrasó las calles sin miramientos. La mayoría fueron arrastrados por la fuerza de las riadas, atrapados en garajes subterráneos o convertidos en siniestros y esto dio paso meses después, a una carrera por recuperar un elemento esencial para volver a la normalidad.
Recuperar un coche significaba mucho más que volver a tener un medio de transporte. Era recuperar la autonomía, poder acudir al trabajo, llevar a los niños al colegio, hacer la compra o desplazarse de la zona cero. Esto ha provocado que los municipios más castigados por la dana han visto crecer de forma notable su parque móvil.
Paiporta es uno de los ejemplos más significativos, con cerca de 1.400 vehículos más en su censo, que ha pasado de 16.797 en octubre de 2024 a los 18.185 del último dato oficial del mes de abril de este año. En Catarroja, el incremento supera los 800, aunque ambos ayuntamientos también justifican una parte de este fenómeno con el incremento del padrón municipal tras la dana, que en el caso de Catarroja supera los 1.000 nuevos vecinos.

Coches apilados en una calle de Paiporta tras la riada. / Levante-EMV
Ayudas de las administraciones públicas
Este puede ser una de las causas, pero también ha influido, sin duda, las ayudas habilitadas por las distintas administraciones para facilitar la adquisición de vehículos tras la catástrofe que han permitido a numerosos vecinos sustituir los automóviles que perdieron en las inundaciones, pero no solo sustituirlos, sino además renovarlos y en este proceso ha habido un cambio en la tipología. Los datos apuntan a una apuesta creciente por modelos híbridos y eléctricos, frente a los tradicionales motores de combustión.
Catarroja ofrece una fotografía especialmente reveladora de esta transformación. En 2024, el municipio contaba con 19.940 vehículos dados de alta. De ellos, únicamente 137 disfrutaban de bonificaciones en el impuesto de circulación por ser híbridos y 27 por ser eléctricos. Dos años después, el censo ha aumentado hasta los 20.766 vehículos, pero el cambio más significativo se encuentra en su composición, ya que se han concedido 2.874 bonificaciones para vehículos híbridos y 424 para eléctricos.
En Paiporta, los datos también son significativos, en 2024 estaban exentos del impuesto 96 propietarios y contaban con bonificación 996 por su condición de menos contaminantes, mientras que en 2026, son 1.113 los exentos y 663 los bonificados.
La dana, por tanto, no solo ha provocado la sustitución de miles de vehículos, sino también ha acelerado una transformación en la movilidad de las localidades afectadas, ahora más eficiente y sostenible.
El problema del aparcamiento
Pero lo que puede ser una ventaja particular también implica un problema de aparcamiento común, ya que al parque móvil local hay que sumar los utilitarios de las personas que acuden a diario a los municipios a trabajar o a hacer gestiones, que aumentan la presión en la vía pública. La lenta recuperación de los garajes de las comunidades de propietarios agravó la movilidad hasta hace poco, con coches que ocupaban espacios para los peatones, y obligó a los ayuntamientos a reordenar el espacio público y crear zonas provisionales para el estacionamiento.

El acceso al aparcamiento público de Sedaví, el primero en reabrir tras la dana. / A. S.
Al mismo tiempo, se afanaban por recuperar instalaciones clave como los aparcamientos públicos. Todavía hoy, ayuntamientos como el de Catarroja y Picanya siguen trabajando por recuperar sus párquings municipales que permitirán aliviar la presión en la vía pública. Sedaví fue el primero en hacerlo y abrió el pasado mes de mayo tras una inversión de 1,5 millones de euros.
En Picanya la actuación ya está en marcha y a punto de terminar, con un coste de 2,4 millones, y Catarroja ha iniciado la reconstrucción de la instalación (463 plazas repartidas en dos plantas, con las de los residentes de la Plaza Mayor) con un presupuesto estimado en la memoria valorada de 5,4 millones. También el consistorio diseñó el Plan Aparca con el fin de retomar la normalidad en las calles, para revertir una situación que implicaba acelerar la vuelta a la normalidad, con la creación de más de 2.700 plazas de aparcamiento en diferentes puntos de la localidad.
Mirando al futuro, los municipios han diseñado proyectos para encarar el cambio climático con aparcamientos disuasorios y en altura. En el caso de Catarroja, el recinto se ubicará en el solar que dejará la actual piscina cubierta, en el barrio de Les Barraques, con una parte a cota de la calle y otra por encima de este nivel.
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