La preocupación por la instalación de una planta fotovoltaica y 19 plantas de evacuación en Godelleta han llevado a los agricultores y los regantes a convocar hoy un Consell Agrari a través del ayuntamiento. En esa cita, hay un colectivo al que los organizadores se dirigen especialmente: las urbanizaciones. En Godelleta, con una decena de núcleos urbanos diseminados en su término municipal, la participación de estos residentes es fundamental para tomar conciencia de cómo estas infraestructuras cambiarán el paisaje y el entorno y por ello «queremos que se unan a las reivindicaciones de repulsa a este modelo invasivo de renovables, que se hace rápido y sin dar voz a las personas afectadas».

Las declaraciones son de Miguel Juan Cervera, presidente de la sección Bodega de la Cooperativa San pedro Apóstol de Godelleta. «Hasta ahora, esta reivindicación la hemos hecho desde lo agrícola, pero las urbanizaciones están igual de afectadas que nosotros», señala. «Godelleta está llena de chalés de segunda residencia, donde las personas vienen a descansar y disfrutar de un entorno que va a cambiar, y por eso queremos que los propietarios de estas viviendas asistan al Consell Agrari, para informarse e implicarse en las acciones que podamos llevar a cabo», señala el presidente.

Cervera convino con Vicente Franco, el presidente de la Comunidad de Regantes, que la convocatoria de este consejo era una buena forma de atraer la atención de todos los agentes cívicos, sociales y empresariales del municipio. Ambos están interesados en que los residentes en el término municipal sepan «que podemos perder nuestra soberanía alimentaria», en una localidad donde el 90 % de los habitantes dependen de una u otra forma del sector agrícola, según señalan en la cooperativa.

Además, lamentan la «pasividad» de la ciudadanía de Godelleta «ante la proliferación de empresas extranjeras haciendo negocio con nuestro suelo y sol», señala Cervera. Recuerda que tanto en Chiva como en Buñol se organizaron dos plataformas para presionar contra la instalación de parques solares en suelo rústico, como es el caso del Farrajón en Buñol y la sierra de Brihuela en Chiva.

Temor a la expropiación

Además, Cervera también incidió en que tanto la cooperativa como la Comunidad de Regantes están preocupados en la confusión en torno a la venta de terrenos por el temor a la expropiación. Para el representante de los agricultores, el dinero es «pan para hoy y hambre para mañana». Pese a todo, en el consejo de hoy quieren arrojar algo de luz a esta cuestión donde remarcan que, aunque un vecino con un terreno venda, «no obliga al de al lado a hacerlo también, y eso no implica que vayan a expropiarme forzosamente», apunta Cervera.

Explica que se han vendido muchos de los campos porque no iban a tener relevo generacional, pero subraya la pérdida que supone comercializar estos terrenos fértiles para el cultivo. Apela, además, al ejemplo de Villar del Arzobispo, donde el colectivo ecologista municipal, Serranía es Futuro, pide a las empresas energéticas que instalen sus plantas en las minas y canteras abandonadas y preserven así los terrenos de cultivo.

Además, alerta de que muchos de los agricultores aún se encuentran pagando las inversiones realizadas para la mejora del riego, por ejemplo, como en el caso de la Comunidad de Regantes, que tuvo que llevar el agua desde el llano de Quart hasta Godelleta, una obra hidráulica que aún están pagando.