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Valle de Ayora-Cofrentes

Emprender en España: la experiencia de los neerlandeses de la Cervecería de Zarra y su apuesta por el Valle de Ayora

Tras dejar los Países Bajos en busca de una vida más estable, Bastian y Melissa crearon la Cervecería de Zarra, un negocio que elabora cervezas con nombres femeninos y un toque de sabores de la provincia de Valencia

Bastian y Melissa en su estand de Cervecería de Zarra.

Bastian y Melissa en su estand de Cervecería de Zarra. / Levante-EMV

Laura Florentino

Laura Florentino

Zarra

En el interior del Valle de Ayora, donde el silencio de los campos contrasta con el bullicio de las grandes ciudades, un proyecto nacido de la valentía y el cambio de vida empieza a fermentar algo más que cerveza. La Cervecería de Zarra es hoy un ejemplo de emprendimiento rural con vocación social, impulsado por los neerlandeses Bastian Liebrecht y Melissa Korsmit.

Un giro de vida hacia la España rural

La historia comienza lejos de España, en los Países Bajos. Allí, cuatro parejas de origen holandés decidieron apostar por un proyecto poco común: adquirir y reconstruir una vivienda. Pero había una condición clara, quien se quedara con la casa debía desarrollar un proyecto laboral viable que contribuyera al entorno.

Bastian y Melissa aceptaron el reto y lo hicieron con convicción. “Hace más de dos años empezamos con la cervecería”, recuerdan, subrayando que “ambos siempre habíamos tenido la ambición de irnos al extranjero para trabajar por cuenta propia”. Su inquietud venía de lejos: “antes de la convocatoria del programa ya estábamos trabajando en planes de emigración” y “en un principio queríamos ir a Austria, pero tras investigar un poco vimos que no era lo que buscábamos”.

El punto de inflexión llegó cuando “apareció una convocatoria en la televisión neerlandesa” y, como ellos mismos dicen, “el proyecto se aceleró”. Aquel mensaje les marcó: “el mensaje era claro: ‘¿quieres tener tu propia empresa y una casa en el extranjero?’”. Y entonces dieron el paso definitivo: “decidimos atrevernos y apuntarnos”, aun sabiendo que “en ese momento solo sabíamos que acabaríamos en la provincia de Valencia”.

Una cerveza con un toque de naranja como guiño a Valencia

La semilla del proyecto nació de forma sencilla pero muy reveladora: “decidimos elaborar directamente 20 litros de cerveza en casa”, una receta que describen como “una inspiración de una weizen alemana con un toque de naranja, como guiño a la provincia de Valencia”. No era solo una prueba, era toda una declaración de intenciones: “un estilo de cerveza que nos gusta beber al sol”.

Ahí empezó todo. “La base de la cervecería ya estaba ahí”, explican, porque “queríamos crear cervezas inspiradas en el entorno y elaboradas junto con el lugar donde viviríamos”.

Poco después, todo se aceleró aún más: “antes de darnos cuenta, ya estábamos en el programa de televisión y comenzó la aventura”. Un proceso intenso en el que “las grabaciones duraron 12 semanas” y en el que no solo construyeron un proyecto, sino una nueva vida. Finalmente, llegó el momento decisivo: “nosotros ganamos Casa el Premio”, algo que, como subrayan, fue clave porque “para nosotros era fundamental tener una base estable desde la que poder centrarnos en el desarrollo de la cervecería”.

Desde el principio, su visión fue clara: no querían solo fabricar cerveza. “Elaboramos cervezas inspiradas en el entorno”, repiten, pero también insisten en el componente social. Su filosofía encaja con esa idea de “cerveza que contribuye”, una apuesta por generar impacto en el territorio.

"Deshuesamos cerezas junto con los vecinos"

La implicación con el pueblo es real y tangible. “Deshuesamos cerezas junto con los vecinos”, cuentan, y añaden que “las cerezas venían de todas partes” y que “después invitamos a los vecinos a probar el resultado”. Ese proceso colaborativo refleja su forma de entender el proyecto.

Cada cerveza es una historia del territorio. "Desarrollamos nuevas recetas" porque, como explican, "cuando llegamos a Zarra, el alcalde nos preguntó si podíamos hacer una cerveza de cereza", pero "la que teníamos en los Países Bajos tenía 11% de alcohol, demasiado fuerte para la gente de aquí".

Bastian Liebrecht y Melissa Korsmit, de Cervecería Zarra.

Bastian Liebrecht y Melissa Korsmit, de Cervecería Zarra. / Levante-EMV

Así nacieron nuevas versiones adaptadas al entorno. También su cerveza de trigo: "tenemos una cerveza inspirada en la weizen alemana, con un toque de naranja" y detallan que "añadimos piel de naranja durante el proceso de elaboración, lo que aporta un final afrutado sin que la naranja domine". El reconocimiento no tardó en llegar: "La Alba ha quedado en tercer lugar en la categoría de mejor weizen de España, algo de lo que estamos muy orgullosos".

La conexión con el territorio continúa: “el pueblo vecino, Ayora, es conocido por su miel” y por eso “probamos distintos tipos e involucramos a los productores locales en la elección”. También la naturaleza inspira: “en primavera, los almendros florecen y el valle se tiñe de rosa. Esa fue la inspiración”.

"Un agricultor nos regala higos con frecuencia"

Otra creación especial nace casi por casualidad: “cerca del pueblo hay una higuera preciosa, y el agricultor nos regala higos con frecuencia. Así nació esta cerveza”.

Y todas comparten una filosofía: “todas nuestras cervezas tienen nombres femeninos y un contenido alcohólico relativamente bajo, lo que las hace perfectas para los días calurosos”.

"Rosa lleva el nombre de nuestra 'madre' española en Zarra"

Entre todas, hay una que destaca especialmente. “Rosa es una cerveza muy especial”, afirman con rotundidad. La describen con detalle: “es una kriek dulce elaborada con cerezas, de color rosa oscuro con espuma rosada” y “es una cerveza cremosa y con cuerpo”.

Pero lo que realmente la hace única es su historia: “Rosa lleva el nombre de nuestra ‘madre’ española en Zarra”. Recuerdan que “desde el primer día nos trató como a sus propios hijos” y que “nos apoyó en los momentos difíciles y siempre ha estado ahí para nosotros”.

El reconocimiento refuerza ese vínculo: “haber ganado con ella el tercer premio en el Barcelona Beer Festival lo hace aún más especial” y, como dicen con orgullo, “vemos que nuestro objetivo, dar visibilidad a Zarra y al valle de Ayora, se está cumpliendo”.

"No ha sido sencillo emprender en España"

El camino no ha sido fácil. Lo dicen sin rodeos: “no, ¡para nada!” ha sido sencillo emprender en España. Recuerdan que “aunque hicimos un curso de español, las primeras conversaciones fueron difíciles” y que “no entendíamos mucho y no sabíamos por dónde empezar”.

También reconocen errores: “al principio cometimos el error de escuchar demasiado a otros extranjeros”, pero con el tiempo comprendieron que “debíamos apoyarnos más en los locales”.

Esa integración también se vivió en lo cotidiano: “muchas veces encontramos los locales cerrados porque no teníamos en cuenta la siesta” y “nos miraban raro cuando pedíamos cenar a las 18:30”. Sin embargo, lo ven como parte del proceso: “todo esto forma parte del proceso de integración” y destacan que “nos adaptamos rápidamente”.

"Nos sentimos muy bien acogidos"

Hoy pueden decir que “nos sentimos muy bien acogidos” y que “sobre todo nos ha regalado momentos muy bonitos”.

"No podíamos comprar una vivienda en los Países Bajos"

La decisión de dejar su país fue profundamente reflexionada. “La razón para dejar los Países Bajos era sencilla, queríamos trabajar más para nosotros mismos, alejarnos del clima gris y construir una vida más estable”. También había una cuestión práctica: “no podíamos comprar una vivienda que se ajustara a nuestros deseos”.

"Queremos abrir una cervecería que genere empleo en el Valle de Ayora"

Hoy, con el proyecto en marcha, miran hacia adelante con ambición: “nuestros planes son ambiciosos”. Su objetivo es claro: “queremos abrir una cervecería y un centro de experiencias que genere empleo en el Valle de Ayora”.

Quieren ir más allá del producto: “queremos formar a personas en producción, diseño gráfico y marketing” y convertir el espacio en “un atractivo turístico con visitas y catas”.

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