El hidrógeno que moverá el mundo :: Prensa Ibérica para Repsol
Marta Molina | Becontent

Piensa en H2 porque el hidrógeno moverá el mundo. En las próximas décadas, el hidrógeno renovable y el de baja huella de carbono se convertirán en alternativas energéticas de gran potencial con aplicaciones en la industria y la movilidad, en especial en sectores difíciles de electrificar como el transporte pesado por carretera o el tráfico marítimo y aéreo.

Como opciones más sostenibles que el hidrógeno convencional que se usa hoy en la industria, el hidrógeno renovable y el de baja huella de carbono tienen un prometedor futuro por delante. La Agencia Internacional de la Energía (IAE) quiere convertir el hidrógeno en uno de los principales vehículos para descarbonizar la economía y España ha respondido al reto aprobando su propia Hoja de Ruta, 60 medidas alineadas para alcanzar la neutralidad climática no más tarde de 2050.

España consume alrededor de medio millón de toneladas de hidrógeno al año, mayoritariamente hidrógeno convencional, utilizado como materia prima en el sector del refino y la química, principalmente. Con estas cifras, los hidrógenos sostenibles piden paso como vectores energéticos en la era cero emisiones y vienen para ocupar un lugar destacado: el hidrógeno renovable y el de baja huella podrían llegar a suponer entre el 10% y el 20% del consumo energético mundial en todas sus posibles aplicaciones, en datos de la IAE.

España cuenta con las mejores condiciones para producir este tipo de hidrógenos: disponibilidad de agua dulce, recursos naturales solares y eólicos y capacidad para dotarse de la infraestructura necesaria. Por eso, la Asociación Española del Hidrógeno considera que puede llegar a convertirse en un exportador prioritario de hidrógeno renovable al norte de Europa. Además, por su situación geográfica, es la ruta de entrada obligada del gas renovable procedente de Marruecos, un prometedor productor, al mercado europeo.

Alternativas más sostenibles

Hoy en día, la tecnología más extendida para la producción de hidrógeno convencional es el reformado con vapor a partir de combustibles fósiles. Una alternativa más sostenible es el hidrógeno de baja huella de carbono, que se fabrica también con el sistema convencional, pero aplicando tecnologías que capturan el CO2 emitido durante todo el proceso. Otra opción es el hidrógeno renovable, que se puede generar utilizando varias tecnologías, como el reformado con vapor a partir de materias primas de origen bio como el biometano o la electrólisis de agua a partir de electricidad de origen renovable.

Aunque tiene múltiples utilidades y un potencial enorme, sus maneras apuntan principalmente a la movilidad (para producir combustibles sintéticos con cero emisiones netas y poner a circular vehículos eléctricos de pila de combustible propulsados con hidrógeno) y la industria (como recurso energético en numerosos procesos).

Funcionamiento de la futura planta de combustibles sintéticos de Repsol en Bilbao.

España, a la vanguardia en combustibles sintéticos

Esenciales para hacer sostenibles sectores difícilmente electrificables como el transporte aéreo o marítimo y procesos industriales que requieren altas temperaturas, al hidrógeno renovable y de baja huella se les augura un brillante porvenir como materia prima para fabricar combustibles sintéticos con cero emisiones netas. Su principal ventaja es que se pueden usar en los motores actuales de los coches y también en aviones, camiones y en otras aplicaciones.

Como uno de los primeros productores y consumidores de España de hidrógeno y en consonancia con su meta de convertirse en una compañía cero emisiones en 2050, Repsol construirá en el plazo de cuatro años una de las mayores plantas de producción de combustibles sintéticos del mundo a partir de CO2 e hidrógeno renovable. Localizada en el Puerto de Bilbao y en alianza con Petronor, Saudi Aramco y el Ente Vasco de la Energía (EVE), la instalación será de referencia en Europa por la tecnología puntera aplicada y por el uso del CO2 capturado en la cercana refinería de Petronor, la única de la Península Ibérica y una de las pocas de Europa que ha integrado procesos de captura, almacenamiento y uso del CO2.

Panorámica del puerto industrial de Bilbao donde Repsol construirá una de las mayores plantas de producción de combustibles sintéticos del mundo.

Su desarrollo supone un reto tecnológico de primer orden: combinará el hidrógeno renovable generado con la tecnología de electrólisis con el CO2 capturado como materia prima en el proceso, y situará a la compañía a la vanguardia del desarrollo de los combustibles sintéticos con cero emisiones netas, que se pueden utilizar para alimentar motores de combustión como los que se instalan actualmente en automóviles, aviones y camiones. En una primera fase escalable a una posterior etapa comercial en función de los resultados, se obtendrán 50 barriles al día de combustible sintético.

El hidrógeno que moverá España

El hidrógeno renovable y el de baja huella de carbono jugarán también un papel destacado en la descarbonización de la movilidad terrestre. En concreto, estos hidrógenos deben contribuir al despegue de los coches eléctricos de pila de combustible propulsados por hidrógeno, que servirán de complemento al vehículo eléctrico de batería cuando alcancen su pleno desarrollo, especialmente en el sector del transporte pesado y de largo recorrido por carretera.

En materia de movilidad sostenible, España quiere seguir los pasos de Japón (la flota de vehículos que transportará durante los Juegos Olímpicos de Tokio en 2021 estarán propulsados por hidrógeno) o Alemania, que ya tienen flotas de vehículos de hidrógeno circulando por sus calles, pero carece aún de una infraestructura que permita aterrizar definitivamente al hidrógeno. El precio del combustible en estos países es de unos nueve a doce euros el kilo, suficiente para unos 125 kilómetros. El corredor del hidrógeno entre España-Francia y Andorra favorecerá el desarrollo de este combustible alternativo. Pero de momento y frente a las cien hidrogeneras de Japón y las más de 60 de Alemania, España solo cuenta con tres puntos de repostaje en todo su mapa: Puertollano (Ciudad Real), Albacete y Huesca.

En datos de la Asociación Española del Hidrógeno, en 2030 habrá más de 140.000 coches propulsados por hidrógeno, que reducirá las emisiones de CO2 a la atmósfera en 15,12 millones de toneladas. Y, en datos del instituto europeo Hydrogen Roadmap Europe, en España se podrían crear 227.000 puestos de trabajo directos en el 2030, “si se adoptan medidas incentivadoras”.

Pero, de momento, España solo registra diez de los 12.000 vehículos existentes en el mundo con pila de hidrógeno y forman parte de proyectos de demostración realizados desde el ámbito público y privado. Antes de 2024, fecha en que finaliza la primera de las tres fases de la Hoja de Ruta nacional, el país se plantea una flota de al menos 150 autobuses, 5.000 vehículos ligeros y pesados y dos líneas de trenes comerciales propulsadas con hidrógeno renovable y una red con un mínimo de cien hidrogeneras y maquinaria de carga y descarga propulsada con hidrógeno en los cinco primeros puertos y aeropuertos.

Pese a la buena prensa cosechada, el hidrógeno renovable y de baja huella tienen todavía que salvar algunos escollos para convertirse en el motor del futuro. La industria reclama un marco normativo que facilite su desarrollo y logre reducir la importante diferencia en costes que existe con la tecnología convencional, de forma que los productos fabricados con estas tecnologías alternativas no pierdan competitividad en el mercado. El Gobierno espera que el hidrógeno renovable sea gradualmente competitivo en precio con otras formas de producción de hidrógeno hacia 2030, en la segunda fase de su plan. Hay futuro en el presente y es H2.

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