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Las guerras del futuro

La UE se prepara para combatir una amenaza híbrida permanente

Los Veintisiete trabajan en la nueva ‘Brújula estratégica’, el plan europeo de seguridad y defensa

El Alto Representante de la UE para Política Exterior y Seguridad Común, Josep Borrell.

“No puedes hacer frente a un ciberataque con una guerra militar clásica. Tenemos que ser capaces de afrontar una amenaza híbrida con instrumentos híbridos”, reivindicaba hace tan solo tres semanas el alto representante para la política exterior de la UE, Josep Borrell, durante el Foro de París por la Paz. Sus palabras confirman que la Unión Europea es consciente de que combatir esta amenaza se ha convertido en uno de los desafíos "más complejos” a los que se enfrentan gobiernos e instituciones porque los medios utilizados evolucionan constantemente y todo vale para alentar conflictos y crear problemas, como han comprobado en sus propias carnes Polonia, Letonia o Lituania con el intento del régimen bielorruso de Alexandr Lukashenko de desestabilizar al club utilizando como arma una de las políticas que más dividen a los Veintisiete: la inmigración y el asilo.

Borrell propone ahora utilizar la llamada ‘Brújula estratégica’, el plan europeo de seguridad y defensa que la UE espera aprobar en marzo de 2022 y que contempla la creación de una fuerza militar de 5.000 soldados capaz de desplegarse con rapidez, para crear una “caja de herramientas” que identifique todos los instrumentos que la UE tiene en sus manos para combatir y responder a ataques híbridos -ya sean aislados o parte de una estrategia- de manera coordinada, coherente y efectiva en todos los planos políticos posibles. “Esto significa dar asistencia, proporcionar capacidades, emitir declaraciones conjuntas o adoptar medidas restrictivas cuando sea necesario”, explican desde el equipo del jefe de la diplomacia europea. 

Contrarrestar la manipulación

La intención de Bruselas es que la nueva batería “híbrida” integre todo tipo de legislación o propuestas en desarrollo útiles para combatir este fenómeno. Desde la estrategia de ciberseguridad hasta el plan de democracia europeo, con el objetivo de contrarrestar de la forma más eficaz posible la manipulación y las interferencias extranjeras, reforzar la seguridad de las redes digitales y la resiliencia de infraestructuras críticas -desde físicas hasta digitales- y detectar posibles ataques con la suficiente antelación. Además, entre las novedades, explican portavoces comunitarios, apuntan por ejemplo a “la creación de equipos de respuesta híbrida rápida de la UE”, que permitan a los Estados miembros recurrir a una amplia gama de conocimientos especializados ante situaciones concretas para apoyar a las autoridades nacionales. 

"La Unión Europea tiene muchos instrumentos y elementos que van en la dirección adecuada pero es necesario seguir actualizando los antiguos y desarrollar nuevos” para llenar “las brechas existentes” y “mantener la coherencia a nivel nacional y europeo”, opina Rasmus Hindrén, director de relaciones internacionales del Centro Europeo de Excelencia frente a las Amenazas híbridas, un organismo internacional independiente con sede en Helsinki, en el que participan una treintena de países de la UE, Reino Unido y Estados Unidos, y creado a raíz de la creciente inestabilidad y los cambios en la seguridad global a raíz de la invasión rusa de Crimea.

Aunque reconoce que no es fácil ni siempre es útil identificar una lista concreta de amenazas, por el amplio espectro de las mismas, su evolución o la motivación que esconden los “actores malignos” detrás de los ataques -principalmente actores estatales o no estatales de Rusia o China-, advierte que las tendencias tecnológicas emergentes van a aumentar el catálogo de riesgos y apunta al peligro -también beneficios- de la inteligencia artificial. “Cuanto más conectados, particularmente al entorno digital, más ataques y vulnerabilidades. Y la tecnología critica es la inteligencia artificial porque creará nuevas oportunidades en ámbitos como el ciberespacio”, explica. 

A su juicio de este experto, que prefiere evitar el uso bélico de guerra híbrida, la ‘Brújula estratégica’ es el elemento que puede ayudar a aumentar la coherencia en la respuesta europea, tanto en la toma de decisiones, crucial en un ámbito en el que la responsabilidad recae en los estados miembros, como en el abanico de posibles medidas de disuasión y resiliencia. “Es un problema que no va a desaparecer y es probable que las amenazas híbridas vayan a estar con nosotros en el futuro por lo que será necesario actuar de forma más amplia y coherente”, vaticina.

Una prioridad desde 2016

La primera vez que la Unión Europea se dotó de un marco contra las amenazas híbridas fue en 2016, dos años después de la invasión y anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia, y lo hizo con 22 acciones y cuatro objetivos en mente: aumentar la concienciación a través del intercambio de información, reforzar la resiliencia en sectores críticos para la UE, más prevención y un impulso a cooperación con otros actores internacionales como la OTAN que también cuenta con su propia estrategia ante unas prácticas que se han disparado en los últimos años. 

El ataque químico contra el ex espía ruso, Sergey Skripal y su hija en el sur de Inglaterra, renovó la urgencia y los Veintisiete adoptaron en julio del año pasado una estrategia de seguridad que pone el foco en la concienciación y el intercambio de información a nivel europeo con agencias clave en materia de seguridad como Europol, Frontex o Enisa. La intención ahora es dar un paso más ante un escenario estratégico cada vez más disputado, con demostraciones de fuerza militar y ataques desestabilizadores constantes. “Los días en que la paz y la guerra constituían dos estados claramente diferenciados han quedado atrás. Nos enfrentamos y nos enfrentaremos cada vez más a situaciones híbridas que requieren una amplia gama de medios defensivos”, reclama Borrell.

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