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Debate electoral

Los calvos irrumpen en las elecciones surcoreanas

El candidato presidencial del gobernante Partido Democrático promete el tratamiento gratuito de la alopecia al atisbar el pozo de votos en los diez millones de afectados del país

La calvicie irrumpe en las elecciones de Corea del Sur.

La alopecia ha irrumpido en unas elecciones de tediosos debates sobre las relaciones con Estados Unidos y China o si el revoltoso vecino del norte merece palos o zanahorias. Corea del Sur discute estos días si la calvicie merece la atención de la seguridad social tras la promesa electoral de un candidato que ha visto en esos diez millones de afectados un saco de votos para las presidenciales del próximo mes de marzo. En las redes sociales no escasea el entusiasmo de los que se habían sentido tercamente olvidados. “Estás dando una nueva esperanza por primera vez a los calvos”, dice uno. “Te implantaremos en la Casa Azul”, dice otro en referencia a la sede presidencial.

No es la iniciativa de un partido irrelevante que busca con excentricidades los focos informativos. Viene de Lee Jae-myung, candidato del Partido Democrático que gobierna el país y favorito para relevar a Moon Jae-in. Lee, de 56 años y frondosa cabellera, se había definido como "el Bernie Sanders exitoso" por su defensa de la renta mínima universal, los cheques generalizados y un agresivo programa social frente a la cicatería de los conservadores. En ese contexto se explican sus ayudas a los alopécicos y las dudas de si se le ha ido la mano.

“Por favor, decidnos los inconvenientes de vuestros tratamientos para evitar la caída del cabello y qué debemos incluir en nuestras políticas”, conminó Lee la semana pasada. Un compañero de formación y miembro del Comité de Salud y Bienestar calificó la calvicie de enfermedad social”. “No supone un dolor físico pero el estrés puede afectar las relaciones sociales y dificultar la búsqueda de trabajo o las citas”, añadió.

10 millones de calvos

La iniciativa nace en la brecha entre esos diez millones de afectados que calcula el Gobierno y los 233.194 que se sometieron el pasado año a un tratamiento hospitalario. La razón, opina Lee, es la carestía que empuja a los surcoreanos hacia remedios extranjeros, medicinas contra la próstata o la capitulación. El partido invitó recientemente a veinteañeros y treintañeros para que hablaran de sus problemas capilares y una mujer confesó que los 3.000 euros que costaba su tratamiento de seis meses la obligaron a elegir entre su melena y la comida de sus dos hijos.

Desde las filas contrarias se alude al coste elefantiásico para las arcas públicas y la urgencia dudosa. “Parece una medida necesaria para los que están preocupados por su pérdida de pelo pero no es más que puro populismo”, juzgaba esta semana un editorial del diario conservador 'Munhwa Ilbo'. Los calvos surcoreanos son ya, sin embargo, un segmento social que nadie con pretensiones presidenciales puede desatender. Ahn Cheol-soo, candidato del opositor Partido Popular, ha desdeñado la propuesta de Lee de irresponsable pero prometido que rebajará los precios de las medicinas e invertirá en la investigación de nuevos tratamientos.

No ataca la calvicie a Corea del Sur con singular virulencia. A los hombres asiáticos les suele llegar en la cuarentena y afecta a la mitad de la población mientras los europeos la sufren una década antes y alcanza al 80%. Pero a ningún hombre le desvela más su apariencia que al surcoreano. Lidera el gasto per cápita en cremas faciales y tres de cada cuatro se someten a algún tratamiento de belleza, según encuestas locales. El miedo a una frente amplia o una coronilla desierta explica el entusiasmo entre los más jóvenes por las promesas de Lee. La iniciativa, de hecho, había surgido en las filas juveniles del partido.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos urgió tres años atrás a acabar con la discriminación hacia los calvos después de que un hombre fuera despedido por rechazar el peluquín. El tabú, sin embargo, remite en los últimos años. Celebridades como la actriz Go Eun-ah o el cómico Kim He-Min, ambos en la treintena, han confesado recientemente sus implantes de pelo. La cabeza rapada, en cambio, simboliza el compromiso con una causa según la tradición confuciana. Muchos disidentes pasaron por el barbero durante la dictadura del siglo pasado y las ceremonias públicas de afeitado han acompañado manifestaciones recientes contra las cámaras de videos en baños públicos, la construcción de plantas industriales, los escudos antimisiles estadounidenses o la corrupción gubernamental.

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