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Tensión en el este de Europa

Los ciudadanos de Kiev se preparan ante un ataque: "Los rusos tienen que saber que aquí habrá resistencia"

La decisión de Rusia de reconocer la independencia de Donetsk y Lugansk deja por los suelos la moral del país

Ciudadanos de Kiev protestan contra la decisión de Putin de reconocer el Donbás.

Larguísimas colas de utilitarios, viejos Ladas soviéticos y autobuses amarillos con ventanas opacas se amontonaban en la mañana del martes en muchas de las carreteras de acceso a Kiev, la capital de Ucrania. Los habitantes de la ciudad, resilientes aunque con la moral por los suelos después de meses de tensiones y guerra psicológica con Rusia, seguían yendo a trabajar, a llevar a los hijos a la escuela y a hacer las compras en los modernísimos centros comerciales del centro de la metrópolis ucraniana. La población se resiste así a que el clima irrespirable del conflicto monopolice todo momento de sus vidas.

Ni en la plaza de la Independencia, escenario de la revuelta de 2013-2014 que llevó primero a la anexión de Rusia de la península de Crimea y luego al conflicto en el Donbás, el sentir del ucraniano de a pie de calle se percibía a primera vista. Allí algunas mujeres caminaban rápidamente delante del hotel Kozatskiy, tres borrachos vagabundeaban en las cercanías de un pequeño supermercado, y unos jóvenes observaban con recelo a un grupo periodistas instalado a poco metros de una de las tantas tiendas eróticas que han aparecido en la callejuelas del centro de la ciudad en los últimos años.

Pero, después de que el lunes el presidente ruso, Vladímir Putin, anunciara su decisión de reconocer la independencia de las regiones separatistas ucranianas de Donetsk y Lugansk, la preocupación y desconfianza por lo que pueda ocurrir ha vuelto a colarse en las conversaciones. Las personas se debaten entre el miedo a quedarse y el temor a lo que podría pasar en caso de que se fueran. La razón es también que se sienten traicionados por los países europeos y por Estados Unidos, que han anunciado sanciones contra Moscú que consideran insuficientes.

"Estamos hundidos económicamente"

"No sabemos qué ocurrirá ahora. Nadie lo sabe. Lo que es una realidad es que ya estamos hundidos económicamente, y ahora han suspendido los vuelos a Ucrania, varios países han pedido a sus ciudadanos que salgan del país, muchas empresas internacionales han bloqueado sus planes de inversión y los bonos ucranianos tienen intereses altísimos", se queja Vasyl Myroshnychenko, un intelectual ucraniano. "Casi parece que quieren castigarnos", continúa. "Después oír las palabras de Putin, mi mujer y yo hemos vuelto a hablar sobre la posibilidad de irnos al oeste de Ucrania o a Polonia, aunque aún no hemos tomado una decisión", confiesa.

Algunos ya se han ido. "Estoy muy asustada. Dejé mi trabajo en Kiev y me volví a Cherkasy porque si los rusos invaden quiero estar con mis padres. El año pasado mi padre tuvo un derrame y con la pensión apenas nos da para cuidarlo", cuenta por teléfono María, de 28 años. "Tenemos las maletas hechas y ya tenemos prevista una ruta para escapar", añade. "Lo peor de esta situación es que todos mis amigos se han ido a trabajar a otros países como Polonia. Allí a los programadores informáticos les pagan mucho más dinero. Ucrania se va a quedar sin gente joven", dice Artur, de 31 años. "¿Pretenden quedarse con todo nuestro país como se quedaron con Crimea? ¿Y a dónde nos vamos a ir nosotros?", se pregunta la camarera Alina, originaria de Odessa.

Nataliya Popovick, una relaciones públicas propietaria de una consultora, entiende estos sentimientos. Cuenta que ha pedido a sus empleados que no compartan rumores o informaciones no fidedignas, y también les ha dicho de llamar a sus familiares afincados en otras partes del país, para asegurarse de que están a salvo. A última hora, además, también ha organizado una reunión de emergencia para repasar todas las medidas de seguridad en caso de un eventual ataque.

Kits de emergencia

"En la oficina, cada uno de nosotros tiene una mochila con un kit de emergencia preparado en caso de que tengamos que salir corriendo para escondernos en los búnkeres. El kit incluye agua, víveres, navajas americanas, pilas, mapas, cinta adhesiva y linternas", afirma, al explicar el recorrido de cinco minutos que debería hacer para llegar hasta su refugio.

"Ya la semana pasada evacuamos a dos empleados originarios de Donetsk al oeste de Ucrania, donde hemos alquilado un casa de apoyo", añade Nataliya, quien confiesa estar entristecida por tener que vivir una situación así en el siglo XXI. "Es algo increíble tener que asumir que se haya desarrollado esta economía de guerra", reflexiona.

También hay otros sentires. El empeoramiento de la situación en el este ucraniano, donde la guerra es real desde hace ocho años y ahora se ha agravado con un aumento de la tensión entre los bandos, también ha empujado a algunos a proclamar finalmente su lealtad a las autoridades en el poder en Ucrania. Es el caso de Sasha, una rusohablante de 30 años que el lunes regresó a Kiev desde Letonia, con la intención de alistarse, o prestar ayuda médica ante la concreta posibilidad de un aumento de las bajas en la primera línea de guerra.

"He regresado porque quiero defender a mi país. Lo haré según mis capacidades y lo que se necesite. Me apuntaré a un curso de enfermería o me entrenaré para luchar", cuenta esta joven, sin experiencia previa en asuntos bélicos. "Ya no puedo cerrar los ojos ante lo que está pasando", añade. "Los rusos tienen que saber que aquí habrá resistencia", concluye Myroshnychenko.

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