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Guerra en el Este de Europa

Rusos y ucranianos residentes en Turquía: una relación envenenada

Antes de la guerra, las decenas de miles de ucranianos y rusos que viven en el sur del país anatolio convivían en perfecta armonía; ahora, las comunidades se rompen

La familia de Dmitro, un ucraniano de Antalya, con cajas de ayuda que irán hacia Járkov, Ucrania.

Los nervios atacan a Yuri cada vez que abre el ordenador. Esta vez el estatus de su hijo podría cambiar, piensa, del '+' podría ir al '-', y su vida cambiaría para siempre. De momento, Yuri siempre se ha encontrado con el símbolo correcto. Reza para que siga siendo así.

"Mi hijo está ahora peleando en el Ejército, cerca de Lugansk, y no podemos tener contacto con él. Cada día entramos en la web del Ministerio de Defensa ucraniano, y allí salen todos los nombres de los combatientes. Si están vivos, sale un '+'. Es muy duro… En los primeros días yo quería ir hacia allá, pero luego me di cuenta de que aquí también puedo ayudar, y puedo hacerlo más. Estoy demasiado mayor para coger un fusil, pero aquí puedo ayudar", se repite Yuri, un ciudadano ucraniano de Járkov que desde hace varios años vive en la ciudad de Antalya, en el sur de Turquía.

Cuando empezó la invasión rusa, Yuri y su familia empezaron a recoger ayuda humanitaria para mandarla a Ucrania. En dos semanas, dice el padre de familia, han conseguido mandar más de 17 toneladas, recopiladas entre todos los ucranianos que habitan en la zona. No son pocos. 

Yuri, su familia y los amigos que les ayudan estos días tienen un trabajo frenético. Lo que están almacenando se irá en dirección a su Járkov natal. Aún queda mucho trabajo por hacer.

Juntos y revueltos

Antalya, en Turquía, es famosa por muchos motivos: por su centro y puerto histórico, uno de los más atractivos del país; por sus enormes y larguísimas playas, que se extienden por toda la costa de la provincia entre acantilados dispersos; por su calor inhumano en verano y su frío templado en invierno, y también por los 28.000 rusos y 10.000 ucranianos que viven todo el año. Antalya es la región más eslava de Turquía. Allí, el ruso no es lingua franca pero casi.

Hasta el inicio de la guerra, rusos y ucranianos compartían todo: parejas, familias, grupos de amigos, bloques de viviendas, barrios, cultura, pasado y hasta el idioma. Ahora la situación ha cambiado. "La comunicación entre nosotros ya no es como era antes. Obviamente con algunas personas seguimos hablando. Algunos nos preguntan cómo estamos y nos dicen que lo sienten, pero ya no es como antes", dice Olena, una joven ucraniana que vive en Antalya.

Preparación de cajas con alimentos para enviar a Ucrania. Adrià Rocha

"Yo no he dejado de hablar con mis amigas rusas, pero una amiga que vive aquí desde hace más tiempo que yo dejó de hablar con amigos de cuatro o cinco años porque le decían que todo eso de la propaganda no es su culpa. Esto me destroza, porque me cuesta ver a la gente rusa que pretende que lo que ocurre no es su problema y que no puede hacer nada. Intento evitar el contacto con ellos", dice Olena. 

Tensión y problemas

Hasta la fecha, la tensión no se ha disparado en Antalya, aunque sí que ha habido algunos incidentes aislados. De hecho, los rusos de la ciudad, según cuentan ellos mismos, han optado por tener un perfil bajo para no llamar la atención.

"Tengo mucho miedo por el futuro de mi hija, porque lo que está pasando es como el fascismo. Los alemanes aún escuchan comentarios del nazismo y han pasado muchos años desde la Segunda Guerra Mundial. Creo que estamos en la misma situación", dice Olga, una rusa que se mudó a la ciudad hace tres años.

"No me avergüenza ser rusa. Es mi país, mi gente. Pero sí que me avergüenza mi presidente, mi Gobierno. Y siento miedo por el futuro, porque no sé qué acabará pasando. No tengo palabras para describirlo", continúa Olga que asegura entender a los ucranianos: "Ahora mismo me parece muy normal que muchos de nuestros vecinos puedan odiar a toda Rusia. Por esto siempre les digo a mis amigas ucranianas que muchas gracias por seguir siendo mis amigas, a pesar de todo. Porque no todos los rusos aceptamos lo que está ocurriendo".

Sin embargo, la relación parece rota. Yuri, mientras prepara las cajas con comida, medicinas y protección militar para mandarlas a Ucrania, dice que tardará años en poder perdonar a sus vecinosDmitro, amigo suyo, niega con la cabeza. Él va mucho más lejos. "Ya no me fiaré nunca más de los rusos, aunque estén en contra de la guerra. Muchos dicen que están en contra de lo que ocurre, pero que no pueden cambiar nada. Y a mí qué". Él solo se fiará, dice, de los rusos que hayan pasado por la cárcel por haber alzado la voz. Para él, serán los únicos salvables.

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