El frío y la oscuridad son armas poderosísimas. Lo eran cuando los ejércitos sitiaban las ciudades en las guerras pasadas. Y lo son en la Ucrania de 2022 por obra y gracia de Vladímir Putin. Rusia ha convertido el invierno en un arma de guerra (“Russia is 'weaponizing' winter”, ha dicho el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg usando un término anglosajón de difícil traducción). Moscú ataca las infraestructuras que proveen de luz y calefacción y mantienen el agua corriente. Kiev lo califica como una oleada de ataques terroristas contra la población civil. 

En Ucrania, los inviernos suelen ser largos, gélidos, ventosos y con mucha nieve y hielo. Son más duros en Kiev, con temperaturas medias de hasta -5ºC, que en lugares de costa como Odessa, con un clima más templado. 

La población se prepara para el que será “probablemente el peor invierno para Ucrania de la historia reciente”, como describe a este diario la analista y periodista Olga Tokariuk. “Quizá tan malo como los que se vivían durante la crisis de los noventa, donde también había cortes de electricidad; entonces era por la crisis económica; ahora, por una invasión”. 

Otra ucraniana, de visita de dos días en Madrid, cuenta que va a aprovechar para ir a comprar un generador para tener algo de luz, y un Starlink para poder trabajar. Este último es un sistema de internet vía satélite creado por Elon Musk que cuesta unos 400 euros y que provee de red wifi. Internet es otra de las cosas inestables en Ucrania.

En Kiev la luz va y viene, cuentan ambas mujeres. En los lugares más afectados están más tiempo sin electricidad que con ella. A veces se corta durante más de un día, otras solo unas horas. Rusia ataca con drones las infraestructuras. Y, hasta que se consigue reparar el daño, algo que puede tardar unos días o una semana, la población vive desconectada y a oscuras.

¿Qué pretende Vladímir Putin con estos ataques? La OTAN, el Parlamento Europeo y países como Letonia aseguran que su comportamiento es puro terrorismo de Estado y que el objetivo es aterrorizar a la gente. Amedrentar a la población para que el coste de mantener la guerra sea demasiado alto para Volodímir Zelenski, el presidente. 

Varios clientes se ayudan con sus teléfonos móviles en una tienda de deportes durante un apagón en Kiev. Reuters

Otros hablan de “guerra híbrida”: se trata de doblegar al enemigo por medios poco ortodoxos. Una estrategia militar en la que el grueso de los avances sobre el terreno se siguen haciendo con artillería, tanques y soldados como carne de cañón, pero que se adereza con guerra psicológica contra la población. No es nuevo en la historia de la guerra. ¿Cuántos meses de frío y oscuridad puede aguantar la población ucraniana? ¿Cuánto puede aguantar su economía si, como alega el Gobierno ucraniano, la mitad de la infraestructura energética está dañada? 

“El objetivo es romper la moral y dejar el país a oscuras para privar a los ucranianos de las necesidades más básicas”, dice Tokariuk. “Los rusos han tenido éxito en romper la cadena de suministros, pero no han conseguido minar el espíritu; no funciona, por más presión que hagan, parece que todo refuerza la voluntad de resistir. Por supuesto, físicamente va a ser duro”.

En Ucrania las temperaturas ya marcan bajo cero de noche en prácticamente todo el país. La gente está tratando de comprar generadores, baterías, linternas… Los encargan en el extranjero también si el suministro es escaso. 

Hay familias que dejan sus casas y se van a vivir junto a otra a una casa mejor adaptada y con un suministro de calefacción y electricidad más constante e independiente. Es lo que ha hecho la familia de Tokariuk. 

Hasta finales de marzo

“Quiero que todo el mundo lo comprenda: los ucranianos vamos a tener que vivir muy probablemente en modo apagón por lo menos hasta finales de marzo”, ha dicho Serhiy Kovalenko, responsable de la compañía eléctrica ucraniana Yasno. 

La Organización Mundial de la Salud ha advertido de que la situación amenaza la vida de “millones” de ucranianos. No es sólo pasar frío. Son todas las consecuencias que conlleva en términos de enfermedades, y las derivadas de la disrupción en el funcionamiento de la sociedad, desde los servicios médicos a la educación.

“Este invierno va de sobrevivir”, ha advertido Hans Kluge, el director de Europa dentro de la OMS, que ha advertido de que la falta de electricidad afecta a centenares de centros de salud.

Ciudadanos ucranianos hacen cola para abastecerse de agua.

El Gobierno de Kiev se prepara para todos los escenarios. En el mejor, Rusia cede a la presión internacional, que empieza a acusarla verbalmente de ser un Estado promotor del terrorismo, y cesa en los ataques contra las infraestructuras vitales para la población civil y se limita a luchar en el frente de batalla. En el peor, continúan o incluso los intensifican. Para eso, los países de la OTAN se han comprometido a reparar la red eléctrica y a enviar generadores a discreción, y a protegerlos de nuevos ataques. España participa en esta “operación invierno” con cinco grupos electrógenos de Defensa.

Test de supervivencia

Ucrania se enfrenta a un auténtico test de supervivencia. Primero, como Estado. En ese sentido, la invasión parece haber consolidado la unidad, salvo en algunas de las zonas del este del país bajo ocupación. Segundo, como Ejército. Miles de soldados, hombres jóvenes en su mayoría, están dejándose la vida en el frente de batalla, bajo los obuses y los misiles rusos. Estos días se han visto, en las cuentas de redes sociales que siguen el devenir de la guerra, imágenes de soldados ateridos de frío en las trincheras, casi inmóviles, conservando energía, esperando el siguiente ataque. Recuerdan vivamente las fotos de los hombres que vivían y morían en la guerra de trincheras de la I Guerra Mundial, hace ahora algo más de un siglo. 

El tercer test de supervivencia es al que se enfrenta la población civil. Combina ciclos de normalidad absoluta con bombardeos sorpresa de drones kamikaze iraníes o misiles. Una especie de Blitz ruso contra Ucrania, de menor intensidad al bombardeo de los aviones alemanes sobre Londres durante la II Guerra Mundial. Entonces se acuñó el término “Blitz Spirit”, el espíritu del Blitz, un ejemplo de resistencia y flema que mostraron los británicos: sosegadamente se escondían de noche en los túneles del metro y salían de día a recoger los escombros de los edificios destruidos por la aviación alemana. Aquello tuvo algo de mito, porque el bombardeo y la tensión constante dejaron una ola de enfermedades mentales, desesperación y familias desestructuradas. 

Al usar el invierno como arma de guerra, Putin intenta doblegar al pueblo ucraniano. Es posible que esté creando un “Blitz Spirit” a la ucraniana.