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Crónica desde Beirut, donde el retorno de los refugiados sirios a su país pone en riesgo su mercado laboral informal
Discriminados y excluidos durante la última década, la población siria ha sido usada como chivo expiatorio para todos los problemas que ha sufrido el Líbano en estos años pero ahora quienes les repudiaban temen su partida

Refugiados sirios en el Líbano. / Andrea López Tomás

Mohammed es el chico para todo. A las puertas de la treintena, este joven refugiado sirio conoce a todos y cada uno de los inquilinos de una decena de edificios en Mar Mijael, el barrio de moda de Beirut. Mohammed, sin serlo, actúa como su conserje. Cobra las mensualidades del generador privado que les provee de electricidad, ayuda a transportar muebles de un apartamento a otro, sube la bombona de gas por las escaleras, y cuenta con un repertorio de amigos y conocidos a los que encarga las tareas de fontanería que él no sabe hacer, que, en realidad, son muy pocas. Pero, cada vez más, esa lista disminuye. A su llamada, ya no hay promesas de estar allí en 10 minutos, sino una noticia compartida: "retorné".
Con la caída del régimen de Bashar el Asad el pasado diciembre, cientos de miles de sirios volvieron a sus hogares, o lo que quedaban de ellos. Más de un millón de exiliados han retornado en este año de nueva Siria, incluido 332.000 del Líbano, de los más de 722.000 que la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR) tenía registrados oficialmente. Había y hay muchos otros en el país de forma ilegal, por lo que su retorno o su permanencia no queda registrado en estas cifras. Discriminados y excluidos durante la última década, la población siria ha sido usada como chivo expiatorio para todos los problemas que ha sufrido el Líbano en estos años. Y no han sido pocos: una de las peores crisis económicas del mundo desde el siglo XIX, una de las mayores explosiones no nucleares de la historia, una guerra que ha dejado miles de muertos y decenas de aldeas arrasadas, y un trágico etcétera.
Salarios más bajos
Sin embargo, ahora quienes les repudiaban temen su partida. Muchos temen que el mercado libanés sea quien más sufra el retorno de los sirios a su tierra. "Los libaneses critican que los sirios nos quitan nuestros trabajos, pero cuando se trata de un trabajo que no quieren, no lo aceptan", constata Sarah Nasrallah, del Centro Libanés de Derechos Humanos. Nadie quiere ocupar esos vacíos laborales que implican mayor esfuerzo físico por menor retribución económica. "En términos laborales, los sectores de la construcción y la agricultura se encuentran entre los más directamente afectados por el retorno de los refugiados, ya que la mayoría de quienes trabajan en ellos durante ciertas temporadas son sirios", dice Nasrallah a este diario. Además, más del 90% de los sirios en el Líbano trabajan en la informalidad, dejando a los trabajadores sin protección ni prestaciones adecuadas.

Campo de refugiados en el Líbano / Andrea López Tomás
¿Quién sino la población más vulnerable, precaria y desesperada aceptaría condiciones laborales paupérrimas? Los sirios en estos dos sectores, unido al de los servicios, acceden a recibir salarios más bajos por jornadas más largas sin prestaciones de la seguridad social. Ya antes de la guerra civil siria, eran ellos mismos quienes trabajaban de forma temporal en la agricultura y la construcción. Mohammed responde el teléfono a cualquier hora, domingos incluidos. Sabe que, con cada recado de un vecino, suele venir una propina y, con unas cuantas de ellas juntas, su día y el de su familia cambia. "Mi mujer y mi hijo están ya en Siria", reconoce a este diario. "Yo iré a ver, estaré un par de semanas para comprobar cómo está la situación, pero yo aquí estoy bien, no me quiero ir", afirma.
Incentivos del gobierno
En el Líbano, Mohammed no puede crecer mucho, porque su nacionalidad le limita los trabajos que puede aceptar. Agricultura, industria, construcción y obras públicas, restauración, limpieza, servicios de reparto y mantenimiento de edificios son donde se concentran los sirios, de forma tan omnipresente como indispensable. "Ahora que se están yendo, se crea una brecha laboral que afecta la productividad de estos sectores, y nos permite comprobar cuánto dependen de ellos", constata Nasrallah. Algunos responsables de empresas de obras públicas y de restauración han expresado la gravedad de la situación, hasta el punto de que les han ayudado a regularizar su situación ante las mayores dificultades para encontrar trabajadores que acepten las mismas malas condiciones.
Pero algunos, como Nasrallah, intentan verlo como una oportunidad. "Este vacío en el mercado laboral es malo, porque afecta a la productividad y el mercado se tiene que adaptar, pero podría ser bueno para otros trabajadores migrantes o adolescentes, por ejemplo, que quieran trabajar en restaurantes", añade. El actual gobierno libanés parece también percibirlo así al dar incentivos para que se vayan, como la eliminación de tasas de salida o la cancelación de las multas por permanencia excesiva. La ministra de Desarrollo Social, Hanine Sayyed, dijo que el objetivo era registrar la salida de "medio millón de sirios para finales de año". Las agencias de la ONU, capitaneadas por ACNUR, también están ayudándoles a retornar con apoyo legal, servicios psicosociales y programas de subsistencia, que incluyen 100 dólares por persona al salir y 600 por familia al llegar a Siria.

Sirios y libaneses huyendo del Líbano por la frontera siria durante la guerra. / Andrea López Tomás
Difícil situación en Siria
Al cruzar la frontera, este puñado de dinero se queda en nada. "Cuando regresan a Siria, las condiciones económicas son extremadamente difíciles, con oportunidades laborales limitadas, falta de acceso a la educación e, incluso, enfrentamientos armados localizados en ciertas zonas", constata Nasrallah. "Muchos, al regresar, sufren una falta de una vivienda adecuada, porque o bien su casa ya no existe o alguien se la ha quitado, y las oportunidades económicas son insuficientes para mantener a sus familias si todos se quedan en Siria", declara. "En Siria, los retornados se enfrentan a condiciones de vida precarias, ya que la crisis humanitaria persiste a pesar del importante cambio en la situación política y de seguridad", afirma Lisa Abou Khaled, portavoz de ACNUR. "La crisis humanitaria ha cumplido catorce años, siendo una de las mayores del mundo, y ha dejado a 16,7 millones de personas —aproximadamente el 90 % de la población— necesitadas de asistencia humanitaria", declara a este diario.
Por eso, Mohammed ha mandado a su mujer y a su hijo de vuelta. Para él, es importante seguir en el Líbano y mantener su trabajo para poderles mandar algo de dinero. Tampoco descarta que ellos vuelvan a cruzar la frontera. "Hay sirios que están volviendo al Líbano, porque, aunque quieran quedarse, no lo ven viable por los conflictos, la situación financiera, o la dificultad para encontrar trabajo", reconoce Nasrallah. "Gran parte del país está destruido, así que muchos regresan a la nada y tienen que empezar de cero, lo que genera mucho estrés", añade. Uno de cada cuatro sirios vive afectado por la pobreza extrema, mientras que dos tercios malviven por debajo del umbral de pobreza de ingresos medios-bajos. Catorce años de conflicto han devastado la tierra y la economía siria.
"Muchos refugiados siguen dudando en regresar debido a las condiciones inciertas a corto y largo plazo en Siria, como la seguridad, el acceso a la educación y los medios de vida, los problemas no resueltos de vivienda, tierra y propiedad, así como la disponibilidad de asistencia humanitaria al regresar", afirma Abou Khaled. Aunque hay muchos sirios dispuestos a volver para reconstruir su país, no todos están dispuestos. Para Mohammed, el futuro está entre esa decena de edificios del barrio beirutí de moda.
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