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Cuaresma y Ramadán se dan la mano en Extremadura: "Hay muchos puntos de encuentro por un mundo más humano"

Este miércoles han comenzado de manera simultánea dos tradiciones religiosas que comparten valores como el esfuerzo personal, el silencio interior y la oración

Imposición de la ceniza en la frente de una mujer.

Imposición de la ceniza en la frente de una mujer. / Efe

Mérida

En el día de ayer, miércoles 18 de febrero de 2026, se alinearon dos calendarios que rara vez coinciden en la misma fecha: el Ramadán, mes sagrado para los musulmanes, y el Miércoles de Ceniza, que abre la Cuaresma para los cristianos. En Extremadura, estas comunidades religiosas iniciaron, de manera simultánea, un periodo de contención, oración y cambio de hábitos. Y es que pese a tratarse de dos tradiciones muy distintas, ambas confluyen sin problemas y se reconocen en un lenguaje común: el del esfuerzo personal, el silencio interior y la solidaridad.

Cabe destacar que la Cuaresma depende del calendario litúrgico cristiano y de la fecha variable de la Pascua, mientras que el Ramadán sigue el calendario lunar islámico, que se basa en la observación de la media luna. Solo en determinados años los cómputos coinciden en el calendario gregoriano. El paralelismo también es simbólico, al tratarse de unos períodos de preparación espiritual, de revisión de vida, así como de intensificación de la oración y la caridad, unos valores compartidos en ambas tradiciones religiosas.

En la región, miles de católicos iniciaron la Cuaresma con la imposición de la ceniza, un gesto que invita a la conversión en un camino de 40 días de ayuno y penitencia hacia la Semana Santa, con la mirada puesta en la Pascua. Este inicio llega además con un contexto demográfico claro: un 64,9% de los extremeños se declara católico y un 27,3% practicante, según el barómetro postelectoral de 2025 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). De hecho, Extremadura ha destacado históricamente por tener uno de los índices más altos de población que se declara católica o religiosa.

Las tres prácticas

El obispo de Coria-Cáceres, Jesús Pulido, define la Cuaresma como uno de esos “tiempos fuertes” del calendario litúrgico en los que la vida cristiana “se intensifica” con un horizonte claro: la Pascua. “No es un tiempo triste: está en vistas de la alegría de la resurrección del Señor. Si no, no tendría sentido”, señala, invitando a comprender estos 40 días como una preparación espiritual que no se reduce a gestos externos, sino que apunta a una transformación interior. Destaca las tres prácticas que, desde el siglo IV, marcan este periodo y que aparecen en las lecturas del Miércoles de Ceniza: ayuno, limosna y oración.

El obispo de Coria-Cáceres, Jesús Pulido.

El obispo de Coria-Cáceres, Jesús Pulido. / EL PERIÓDICO

Pulido recuerda el origen simbólico del número 40 -Jesús en el desierto, Moisés en el Sinaí, Elías en la montaña- para presentar la Cuaresma como una invitación a mirar más allá de lo inmediato. “Es una llamada a la interioridad… a buscar no solamente un mundo inmanente, sino también un mundo trascendente”, traslada. Deja una idea de fondo, especialmente dirigida a quienes están atrapados por lo material: “La persona humana no es solamente el cuerpo… también es alma y espíritu”. "Convertirse y creer es la misma cosa”, añade, e insiste en que el cristianismo no es solo una ética, sino seguir a Jesús y asumir sus actitudes en la vida cotidiana.

En una sociedad “muy consumista e individualista”, apunta Pulido, la Cuaresma ofrece el camino alternativo de volver a lo esencial y recuperar el sentido de la persona como vínculo, no como aislamiento. “Se ha identificado la persona con el individuo y, sin embargo, para la religión católica la persona es sobre todo relación”, afirma. Sobre la coincidencia con el arranque del Ramadán, el obispo resalta que el ayuno es una práctica que “supera una religión” y que aparece en distintas tradiciones. A su juicio, hay un terreno común: “Muchos puntos de encuentro para conseguir un mundo más humano… independientemente del credo”.

Ramadán

En paralelo, más de 22.000 musulmanes empezaron ayer en Extremadura el mes de ayuno del Ramadán, uno de los cinco pilares del islam, que se practica desde el crepúsculo astronómico matutino -el alba- hasta la puesta del sol -el ocaso-. En esta religión, el ayuno es completo: sin ingesta de alimentos ni bebida, sin inhalación de humos y con abstinencia de relaciones íntimas durante las horas diurnas. Durante 29 o 30 días, el iftar —la comida con la que se rompe el ayuno al anochecer— reúne a familias y amigos, mientras se intensifican las oraciones nocturnas del tarawih.

El secretario de la comunidad musulmana en el municipio de Talayuela, Youssef Meziane, describe el Ramadán como “el mes más especial para todos los musulmanes alrededor del mundo”, por su dimensión religiosa, pero también por lo que despierta en quienes han nacido fuera y residen ahora en España. "Además de ser un mes religioso, ahí se mete también un poco de cultura y parte sentimental... La gente que nació en otros países y vive aquí siempre tiene un poco de nostalgia en este mes, que es muy especial y muy familiar”, explica.

El secretario de la comunidad musulmana en Talayuela, Youssef Meziane.

El secretario de la comunidad musulmana en Talayuela, Youssef Meziane. / EL PERIÓDICO

Meziane asegura que se alegró “bastante” cuando tuvo conocimiento de que este año coincidían en sus inicios las celebraciones de la Cuaresma y del Ramadán, al considerar que esto ayudar a tender puentes. “Todas las cosas que consigan unir a personas que viven en el mismo sitio siempre juegan a favor de la convivencia”, sostiene. Y añade una idea que repite como mensaje central: “Compartimos un montón de cosas y las que nos separan son cosas contadas con dos dedos de una mano”. “La gente extremeña, en general, es muy comprensiva y muy acogedora”, apostilla.

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