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Conflicto en Oriente Próximo

Españoles residentes en Israel, entre los nervios y el apoyo a la ofensiva contra Irán: “Es trágico, pero el momento es ahora”

La vida cotidiana de los ciudadanos israelíes se organiza en torno a alertas de misiles, sirenas y refugios preparados, mientras se desarrolla la operación contra el régimen de los ayatolás

Personas se refugian en una estación de tren subterránea en Haifa, Israel, el 1 de marzo de 2026.

Personas se refugian en una estación de tren subterránea en Haifa, Israel, el 1 de marzo de 2026. / ATEF SAFADI | EFE

María Mondéjar

María Mondéjar

Barcelona

Hacía dos semanas que Luis daba por hecho que se avecinaba un ataque inminente contra Irán y que este traería consigo consecuencias inevitables. La sorpresa, como mucho, ha sido que se produjera en pleno día y en sábado, día sagrado en el judaísmo. “Es triste, pero digamos que es un poco rutinario y forma parte de la realidad que se vive aquí”, cuenta a EL PERIÓDICO Luis Vega, un médico español que lleva seis años viviendo en Tel Aviv junto con su mujer, originaria de Israel, y sus dos hijos, de dos y cuatro años. “Fue complicado. Desde las dos de la tarde hasta las siete estuvimos entrando y saliendo del búnker y a las nueve otra vez”, cuenta. “Al final dormimos allí, pero estuvieron sonando las alarmas toda la noche con lo cual descansar poco y dormir menos”.

El primer aviso, que informaba de lo que Israel ha bautizado como operación ‘Rugido del León’ y del ataque a centenares de objetivos militares en Irán, sorprendió a Luis mientras conducía de camino al trabajo. “El primer susto me pilló camino del hospital, cuando escuché las sirenas. A partir de ahí solo quedaba esperar lo que viniera”, explica. Aun así, dice tomarse sin mucho drama la situación, pese al estrés y la incomodidad que conlleva, y consciente de que se trata de un conflicto que probablemente irá para largo.

El nerviosismo y la tensión conviven, en este caso, con una sensación de familiaridad, en un país que afronta un complejo dilema de seguridad, especialmente en su relación con Irán, y que justifica la necesidad de actuar de forma “preventiva” -en palabras del ministro de Defensa israelí, Israel Katz-, es decir, sin que una amenaza inminente se haya materializado.

En ese sentido, no es la primera vez que los ciudadanos de Israel reciben en sus móviles alertas de ataques contra el territorio. “El país lo tiene asumido, forma parte de lo que se considera correcto. Irán quiere destruir Israel y, por lo tanto, no se puede negociar, y la población lo ve como algo que tiene que ocurrir”, comenta Luis.

Una población 'acostumbrada'

"Aunque suene feo, ya es costumbre. Hay muchos ataques a Israel. Uno se acostumbra a escuchar las alarmas y ya sabe lo que hacer. Yo tengo una mochila preparada con agua, comida, ropa y una radio. No es sano, no es algo idílico, pero es casi parte de la identidad", dice David Yabo, que se mudó hace cinco años a Israel por motivos religiosos. Sin embargo, la diferencia que rompe la rutina es la cantidad de ataques que ha dirigido Teherán contra el estado hebreo, incluido uno que ha causado al menos nueve muertos y 28 heridos en la localidad de Beit Semesh, en el centro de Israel. "Si lo comparamos con el ataque del último año, en esta ocasión han sonado muchas más veces las alarmas antiaéreas".

Además del sonido de las alarmas, los israelíes reciben en sus teléfonos alertas mediante una aplicación que les informa tanto del lanzamiento de un misil como de su entrada en territorio israelí. Este sistema de prealerta es un componente clave de la estrategia de defensa aérea de Israel y cumple el propósito de proporcionar a los ciudadanos el tiempo necesario para buscar refugio. "Tenemos una aplicación que nos indica cuando se avistan misiles que salen de Irán, entonces ponle que tardan cinco minutos hasta que llegan y tenemos tiempo suficiente para refugiarnos", comenta David.

Alertas de seguridad en la aplicación del móvil sobre ataques desde Irán.

Alertas de seguridad en la aplicación del móvil sobre ataques desde Irán. / Facilitada por Dana Chocrón.

Desde Jerusalén, David considera que es poco productivo ponerse nervioso ante una situación que no se puede controlar. Además, asume como inevitable el ataque contra Irán e incluso lo considera necesario para menguar las fuerzas del régimen de los ayatolás, que asegura que representan una amenaza existencial contra Israel. "Esto llevamos esperándolo 20 años. Es algo que se sabía. Desde el último año, con los últimos ataques, sabíamos que no era el final", afirma.

La relativa normalidad con la que se viven los ataques en Israel se refleja también en los hogares. En los más modernos, las construcciones incluyen habitaciones “seguras” con paredes de hormigón y puertas blindadas, mientras que otros cuentan con sótanos protegidos para albergar a todos los vecinos de un mismo edificio. Ester Shecter vive en uno de los primeros y relata a este diario que el hecho de no tener que salir de casa reduce el nerviosismo ante una situación que igualmente vive con angustia y tensión. "Se vive un poco con nerviosismo. Hace ya unos días que estaba en boca de todos que esto podía pasar. Aunque, no pensé que podía ser de estas dimensiones”, explica la malagueña que vive en Beit El, un asentamiento cercano a Jerusalén considerado ilegal según el derecho internacional.

Atrapada en Madrid

Con más nervios y estrés ha vivido los ataques Dana Chocrón, que vive en Israel desde los 18 años, aunque actualmente se encuentra en Madrid por trabajo y sin posibilidad de regresar debido al cierre del espacio aéreo y las interrupciones de vuelos hacia la región. "Tengo familia muy cercana allí: mis padres, mis hermanos y ahora mis abuelos, que están de visita. Lo vivo casi en primera persona porque tengo la aplicación y las sirenas suenan aproximadamente cada media hora", relata con preocupación.

Dana considera necesaria la acción contra Irán, pero admite que la vive con gran inquietud. "Es muy angustioso. Ya ha habido muertos y edificios completamente destruidos. Desde ayer por la mañana y durante toda la noche no paran las sirenas, y mi familia ha tenido que permanecer horas en un búnker", concluye.

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