Conflicto en Oriente Próximo
La guerra en Irán desata los llamamientos a la movilización de líderes religiosos chiíes
Las protestas desencadenadas en varios países por el asesinato de Alí Jameneí se han contenido pero, si la guerra se prolonga o se agrava con una invasión, podría dar pie a movimientos más desestabilizadores y actos aislados de terrorismo, advierten los expertos

Imagen de una adolescente con un retrato del ayatolá Alí Sistani, la máxima autoridad religiosa chií en Irak. / EP

De todos los líderes religiosos chiíes, ninguno tiene tanta influencia como el ayatolá Alí Al Sistani, afincado en Irak y vinculado a la escuela de Nayaf, una de las ciudades santas de la segunda rama en importancia del islam. Y el pasado domingo Al Sistani emitió una fatua llamando a movilización popular de los musulmanes para apoyar a Irán en las calles frente al ataque de Estados Unidos e Israel. "El apoyo público popular a Irán constituye una obligación colectiva durante la crisis actual", afirmó el ayatolá en respuesta a una pregunta teológica formulada por uno de sus seguidores. "La asistencia y participación en concentraciones públicas es una obligación colectiva y la determinación del asunto recae sobre el individuo". En Irán otros líderes religiosos han ido más allá al llamar a la yihad o guerra santa para "vengar" la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, asesinado en los primeros compases de la ofensiva en un ataque israelí.
El llamamiento de Al Sistani no ha pasado inadvertido en Oriente Medio, donde cuenta con millones de seguidores. El chiísmo carece de una autoridad central similar a la del Papa en el catolicismo. Pero sí cuenta con una serie de teólogos conocidos como 'marja' con autoridad para adoptar decisiones legales dentro de los confines de la ley islámica y una influencia notable sobre sus fieles. Desde la India hasta Nigeria. "Al Sistani es lo más parecido a un Papa en el chiísmo", explica Marc Morató-Aragonés, profesor de Historia de Oriente Próximo en la Universitat Pompeu Fabra. "De hecho, es mucho más respetado como figura religiosa que el mismo Jameneí o incluso que Jomeini en su momento".
La fatua del ayatolá iraquí, que raramente se pronuncia respecto a los conflictos entre estados, ha sido interpretada en cualquier caso como un mensaje de relativa moderación. Entre otras cosas porque no ha emitido un llamamiento a las armas, a diferencia de lo que hizo en 2014, cuando las hordas del Estado Islámico (ISIS) estaban a las puertas de Bagdad. Por entonces, cientos de miles de iraquíes siguieron sus recomendaciones y se alistaron en las Fuerzas de Movilización Popular parea luchar contra los yihadistas suníes. "Que alguien con el prestigio y el respeto de Al Sistani inste a la movilización y la resistencia es un acontecimiento de envergadura", asegura a este diario el profesor de la Universidad de Georgetown Nader Hashemi. "La pregunta es si esto se traducirá en más ataques contra objetivos estadounidenses, complicando un poco más el esfuerzo bélico de EEUU e Israel".
Altercados por el asesinato de Jameneí
De momento, las mayores protestas entre la comunidad chií, que cuenta con una población que ronda entre los 130 y 190 millones de adeptos en Oriente Próximo y Oriente Medio, se produjeron tras el asesinato de Jameneí. Un Jameneí que no solo era la máxima autoridad de Irán, sino otro de los 'marja' del chiísmo. En Pakistán hubo más de 20 de muertos en varias ciudades, algunos de ellos, abatidos por la policía cuando trataban de asaltar el consulado estadounidense en Karachi. También en Irak hubo intentos de tomar la 'zona verde', el sector fortificado de la ciudad que alberga la embajada de EEUU, mientras en Bahréin grupos de jóvenes chiíes se enfrentaron con las fuerzas de seguridad durante varios días. Manifestaciones y vigilias se escenificaron a su vez en el Líbano, Nigeria, Afganistán o la Cachemira india.
En la región preocupa que las potenciales movilizaciones de la comunidad chií puedan desestabilizar un poco más a algunos de sus países. Los del Golfo, en particular, están pagando un precio muy elevado con esta guerra, después de que Irán los convirtiera en una de sus dianas predilectas por albergar bases estadounidenses en su territorio. De momento, las algaradas populares de la comunidad chií parecen haberse contenido y solo algunas milicias proiraníes se han sumado a la contienda. Las de Irak han centrado sus ataques en los intereses de EEUU en el Kurdistán iraquí, mientras en el Líbano Hezbolá ha reanudado los lanzamientos de misiles contra Israel, una temeridad que ha generado un enorme rechazo entre los libaneses, de nuevo asediados por los bombardeos del Estado judío.
Riesgo de atentados terroristas
Los expertos consultados no consideran por el momento que la ira desatada entre la comunidad chií por la agresión contra Irán pueda generar movilizaciones sostenidas en la región, capaces de poner en jaque a sus respectivos regímenes. Entre otras cosas porque los chiíes son minoritarios en casi todos los países de Oriente Próximo salvo Irak, Bahréin y el Líbano y la vigilancia de las autoridades, muy estrecha. "Muchos de estos países saben cómo manejar las contradicciones que se derivan de su apoyo a EEUU y la necesidad de contentar a su población. Me extrañaría que hubiera una gran inestabilidad", asegura Morató-Aragonés.
Otra cosa sería si EEUU acaba invadiendo Irán por tierra, la gran potencia chií de la región. Esa posibilidad, que no se ha descartado públicamente, ha perdido fuelle en las últimas horas, a medida que Donald Trump parece buscar una rampa de salida tras ver cómo la guerra ha disparado los precios del petróleo y ha enloquecido los mercados. "Si se produjera un escenario como la invasión de Irak en 2003, la temperatura en la región se incrementaría significativamente. Probablemente veríamos fatuas más militantes y ataques adicionales contra las fuerzas estadounidenses", asegura Hashemi.
Otro riesgo pasa por la reactivación del terrorismo, una táctica más empleada en la última década por el yihadismo suní que por la militancia chií. "No creo que exista el riesgo de un esfuerzo concertado con el apoyo de Irán pero, si la guerra se prologa, sí podría llevar a algunos chiíes a radicalizarse y actuar por su cuenta contra objetivos occidentales", sostiene Hashemi.
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