Tercera semana de conflicto
La guerra en Oriente Próximo pone en cuestión la alianza estratégica del Golfo con EEUU
La frustración recorre los países árabes del Golfo ante la incapacidad de Washington para protegerlos y atacar Irán en contra de sus recomendaciones

Un caza estadounidense despega del portaviones 'USS Gerald R. Ford', desplegado en la ofensiva contra Irán. / Europa Press/Contacto/Us Navy/U.S Navy

Los países árabes del golfo Pérsico llevan años invirtiendo sumas astronómicas en Defensa, tanto que el año pasado Arabia Saudí dedicó el 7,4% de su PIB a esa partida, un porcentaje solo superado en el mundo por Ucrania. Pero ese gasto no se ha traducido en la seguridad que esperaban. Solo unos días después de que comenzara la guerra de Israel y EEUU contra Irán, esos mismos países acudieron a su socio estadounidense para solicitar desesperadamente nuevas partidas de interceptores para derribar los misiles y drones iraníes lanzados sobre su territorio. Pero, según varios medios, el Pentágono les dio largas. "Ninguno de nosotros tiene suficiente. Hemos solicitado más interceptores, pero nuestros amigos todavía no nos los han proporcionado", le dijo un alto cargo de la región al 'Financial Times'.
La guerra en curso ha puesto de manifiesto las limitaciones y los riesgos de la alianza estratégica que los países del Golfo mantienen con EEUU en materia de seguridad desde hace décadas. Esa alianza se basa en un simple intercambio: los Estados del Golfo acogen bases militares estadounidenses en su territorio e invierten a manos llenas en su economía y, a cambio, reciben garantías de seguridad y estabilidad por parte de Washington. Un pacto que está ahora en entredicho.
Como repiten estos días algunos comentaristas árabes, EEUU no solo lanzó su guerra en contra de las recomendaciones de muchos de sus aliados en la región, sino que está demostrando ser incapaz de protegerlos. En estas tres semanas Irán ha lanzado más de 3.000 misiles y drones contra sus vecinos árabes del Golfo. La mayoría han sido interceptados, según la versión oficial, pero otros han golpeado hoteles, puertos, aeropuertos, instalaciones energéticas y otros objetivos civiles.
Frustración latente
"Presidente Donald Trump, una pregunta directa: ¿Quién le dio la autoridad para arrastrar a la región a esta guerra contra Irán", escribió hace unos días en las redes sociales el multimillonario emiratí, Khalaf al-Habtoor. "¿Tuvo en cuenta los daños colaterales antes de apretar el gatillo? ¿Acaso no pensó que los países de la región serían los primeros en sufrir las consecuencias de esta escalada?". Trump le respondió indirectamente al afirmar que "una de las mayores sorpresas de esta guerra" son los ataques iraníes contra los países del Golfo. Una afirmación absurda si se tiene en cuenta que su propia Administración acusó a Irán durante su primer mandato de atacar infraestructuras petroleras saudíes como respuesta a su política de "máxima presión" sobre Teherán.
"Es pronto para saber qué va a pasar pero es probable que cuando acabe la guerra estos países hagan una revaluación de su alianza con EEUU", asegura a este diario Omar Shakir, director ejecutivo de Dawn, un laboratorio de ideas especializado en el mundo árabe y con sede en Washington. "Estos gobiernos tienen la obligación de proteger a sus ciudadanos, pero al confiar su seguridad a EEUU y albergar sus bases militares han contribuido a que sus países se conviertan en objetivo", añade.
Contención máxima hasta el momento
De momento, ninguno de ellos ha respondido a los ataques iraníes. En una reunión celebrada el jueves en Riad, instaron a Teherán a detener la escalada y denunciaron sus ataques contra infraestructuras civiles, pero también reiteraron que su contención "no es ilimitada". "Nos reservamos el derecho a emprender acciones militares si fueran necesarias", advirtió el ministro de Exteriores saudí, Faisal bin Farhan.
En la región hay voces que creen que particularmente Israel está tratando de arrastrarlos a la guerra. Una tesis que se apoya en los ataques israelíes contra las infraestructuras energéticas iraníes, primero contra varios depósitos de petróleo en las inmediaciones de Teherán y después al golpear en coordinación con EEUU —una coordinación que Trump niega— el yacimiento gasístico de Pars Sur, el mayor del mundo. Como era de esperar, Teherán respondión contra objetivos equivalentes en territorio de sus vecinos del Golfo.
"Algunos creen que esta guerra es una trampa de EEUU e Israel para implicar a los países del Golfo y arrastrarlos a la confrontación con Irán", escribió hace unos días el analista político saudí Adhwan al-Ahmari. "¿Pero qué pasaría si en una semana o 10 días EEUU dice que ha conseguido todos sus objetivos, da por terminada la guerra y deja a los Estados del Golfo inmersos en la confrontación abierta?". Ese es uno de los riesgos que asoman en el horizonte: una guerra cada vez más cruenta y con un número creciente de países beligerantes.
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