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Conversaciones sobre el alto el fuego

Netanyahu, entre la decepción interna por no lograr resultados en Irán y la presión internacional para detener los ataques en el Líbano

La población israelí denuncia que han pasado 40 días en los refugios antiaéreos para nada porque la campaña contra el régimen de los ayatolás ha sido un "rotundo fracaso"

El primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, en una imagen de archivo.

El primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, en una imagen de archivo. / REUVEN KASTRO / CONTACTO / EUROPA PRESSReuven Kas / Europa Press

Andrea López-Tomàs

Andrea López-Tomàs

Beirut

El alto el fuego de la guerra con Irán ha traído consigo un deje de alivio, a la par que otro regusto de decepción en Israel. Durante 39 días con sus 39 noches, la población puso en pausa su vida y pasó infinitas horas en los refugios. Partes de sus ciudades están salpicadas de destrucción, y la sacudida en la economía es innegable. Y todo esto por nada. O, al menos, esa es la opinión general entre mucha gente. "Ninguno de los objetivos cruciales de la campaña contra Irán se han cumplido, y, por eso, el público israelí está muy, muy decepcionado", constata la doctora Gayil Talshir, politóloga y experta en tendencias y opinión pública israelí de la Universidad Hebrea de Jerusalén. El primer ministro, Binyamín Netanyahu, es consciente de ese enfado y busca, de nuevo, desviar la atención. Las bombas sobre el Líbano resultan buena alternativa.

"Toda esta indignación popular se refleja en la forma en que Netanyahu, día tras día, emite comunicados de prensa sin responder a las preguntas de los periodistas, lo que demuestra que está bajo mucha presión, pues comprende que ya no puede presentar la guerra contra Irán como un gran éxito", dice Talshir a este diario. Israel ya fue a la guerra con Irán durante el pasado junio. También entonces la población israelí pasó sus 12 días con sus 12 noches en los refugios antiaéreos. Ocho meses más tarde, Netanyahu intentó convencer a su pueblo y al presidente estadounidense, Donald Trump, de que esta sería la operación definitiva para eliminar las capacidades nucleares y el régimen de los ayatolás a la vez. "Esta segunda campaña ha sido un rotundo fracaso", añade Talshir.

Al principio de la ofensiva, la población judía de Israel se volcó en masa en apoyar la Operación León Rugiente. "Tras dos semanas, ya había bajado al 60%, pese a que los medios y la mayoría de los partidos de la oposición seguían apoyando la guerra", constata Dani Filc, activista de Standing Together, el mayor movimiento social que une a judíos y árabes en Israel. Muchos, especialmente en la comunidad de origen palestino con nacionalidad israelí, consideran que Netanyahu lanzó esta guerra por motivos personales y políticos. La huida hacia adelante bélica del primer ministro le beneficia en muchos aspectos, ya que, al instaurar el estado de emergencia, se limitan las protestas públicas, se retrasa su juicio por corrupción y, de nuevo, no hay espacio político ni mediático para rendir cuentas por los errores que permitieron el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, cuando empezó a rodar la bola de nieve.

"Achicando las metas de la guerra"

"Durante la guerra, Netanyahu tuvo que ir modificando las metas y achicándolas; es un tergiversador crónico de la verdad y de la realidad", denuncia Filc. A nivel político, el líder hebreo no ha salido fortalecido. En las encuestas más recientes, como la del periódico Maariv, su partido Likud pierde escaños, y su coalición no recibe una mejor estimación de votos que antes de la ofensiva. "Políticamente lo ha debilitado mucho en el plano interno, ni qué hablar internacionalmente", afirma el activista a EL PERIÓDICO. Netanyahu ha sido forzado a aceptar el alto el fuego que negoció Trump con Teherán, sin informar a Tel Aviv del diálogo. Pese a su resignación inicial, el primer ministro sigue insistiendo en que el Líbano no forma parte del acuerdo de tregua y, durante las primeras horas del cese de hostilidades en vigor, lanzó el más brutal ataque contra el país de los cedros, matando a 357 personas en apenas 10 minutos.

Israel lleva tres años sumido en una guerra perpetua y parece lejos de salir de ella. "Netanyahu intenta convencer a la sociedad israelí de que hubo logros, aunque no se alcanzaron los objetivos, pero esto no es algo que el público se crea, ni siquiera su propia base de votantes", reconoce Talshir. "Cuando uno sale victorioso y gana, no necesita declarar cada pocos días que salió victorioso y ganó", ha escrito el líder del Partido Demócrata, Yair Golan, en X. "Netanyahu vuelve a enorgullecerse de los logros del Ejército, para que olvidemos su fracaso total", ha añadido el líder de la oposición, el centrista Yair Lapid. "No logró ninguno de los objetivos bélicos que él mismo se había propuesto”, ha insistido. "A su vez, Netanyahu trata de convencer a los israelíes de que no es el final del camino y que la guerra aún está por llegar", constata Talshir.

Ocupaciones futuras

Mientras, sus socios ultraderechistas de gobierno callan y ponen toda su atención lejos de Irán. "El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, defiende que Israel tiene que aprovechar este momento para ampliar sus fronteras, también en el Líbano y en Siria", dice Filc. El próximo mes de octubre, el primer ministro israelí se enfrenta a una temida cita electoral. "Para Netanyahu, si pudiera terminar con éxito la guerra del Líbano, es decir, lograr que Hezbolá renunciara a sus armas, sería quizás lo que podría salvarlo electoralmente", cuenta Filc. "Esto no va a pasar, porque, si después de la guerra de destrucción en Gaza y la invasión física de la mitad del territorio por el Ejército israelí, Hamás sigue armado, mucho menos va a lograr desarmar a Hezbolá así; por lo tanto, las promesas de Netanyahu son promesas vacías y no va a poder mostrar los resultados que prometió", añade.

"Además, los israelíes están muy avergonzados de la forma en la que se está realizando esta operación militar, que supuestamente tenía que proteger a la ciudadanía del norte del país, y lo que ven es que los ministros extremistas la usan para defender la instauración de asentamientos en el Líbano", constata Talshir. Otro temor de los israelíes se origina en la Casa Blanca. "Israel ha confiado en Trump durante esta campaña, pero, ahora, se ha producido un distanciamiento, porque Trump está más atento a lo que ocurre en el estrecho de Ormuz y al mercado petrolero, y a los israelíes les preocupa que el diálogo [con Irán] no se esté llevando a cabo teniendo en cuenta sus intereses", concluye Talshir. A su vez, la presión externa contra Netanyahu sigue creciendo. Las masacres de pasado miércoles en el Líbano provocaron duras críticas por parte de los principales líderes europeos, que siguen insistiendo en que el país de los cedros sea incluido en el alto el fuego y que Tel Aviv cese sus ataques que ya han matado a más de 2.020 personas en seis semanas.

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