Por primera vez
China desafía a Trump y desobedece las sanciones impuestas contra Irán en vísperas de la visita del republicano
Pekín lleva años denunciando este tipo de medidas de Washington pero hasta ahora siempre las había cumplido

El presidente de EEUU, Donald Trump, habla con su homólogo chino, Xi Jinping, tras su reunión en una base de Fuerza del Aire en Busan, Corea del Sur, el 30 octubre 2025. / YONHAP / EFE

Un cubano que reside en Pekín recuerda su desdicha tras la entrada de su país en la lista estadounidense de patrocinadores del terrorismo. Desde su cuenta de Wechat, una navaja suiza digital, ya no pudo enviar ni recibir los pagos cotidianos. Poco después hubo de abonar la renovación de su pasaporte en metálico, en un país que casi lo ha erradicado, porque también el Wechat e incluso la cuenta bancaria de su consulado en China habían sido cancelados. Y días más tarde, los funcionarios del banco chino le denegaron la apertura de la cuenta que necesitaba para su negocio porque pertenecía a "un país de alto riesgo". "Fue humillante, me rechazaron con mis socios delante. Tuve que abrirla a nombre de mi esposa china", rememora.
Las sanciones de EEUU, que se extienden a compañías o individuales extranjeros que operan con terceros países, son vistas por Washington como necesarias para su seguridad nacional e intereses económicos. Para otros, es un atropello. A Estados Unidos, más que la razón, la asiste su poderío económico y padrinazgo del sistema financiero global: desobedecerla equivale a quedarse fuera. China acumula años denunciando esas sanciones por unilaterales e ilegales pero, en contra de la percepción global, las había cumplido con esmero. Hasta el pasado fin de semana. Su desobediencia aboca a un escenario imprevisible en las relaciones bilaterales y la arquitectura bancaria global. Apenas asoma una certeza: con su reciente victoria en la guerra comercial se ha despojado de sus últimos complejos.
El comunicado del Ministerio de Comercio chino incluía una triple negativa hacia las sanciones estadounidenses: no serán reconocidas, no serán obedecidas, no serán cumplidas. Aludía a las recientes medidas aprobadas por Donald Trump para estrangular la economía de Irán y, en concreto, a la inclusión en la lista negra de refinerías chinas. Cuatro son las llamadas "teteras", pequeñas compañías privadas que compran crudo iraní fuera del circuito ortodoxo y del radar internacional. La quinta, Hengli Petrochemical, es un gigante con capacidad cercana al medio millón de barriles diarios.
Demandas por daños y perjuicios
Ha sentado Pekín que si bancos, aseguradoras o navieras estadounidenses o de otro país cortan sus relaciones con las cinco refinerías por las sanciones de Trump, estas podrán demandarlas ante tribunales chinos por daños y perjuicios. Se arriesgan también a ser multadas por Pekín o incluidas en el listado negro que legitima la congelación de bienes y las restricciones comerciales. Al sector que opera en ambos mercados se le presenta un dilema shakesperiano: recibir las bofetadas de Washington o de Pekín. Un escenario extremo apunta a la desconexión del sistema financiero, con China desbrozando la senda para los BRICS. Es pronto para saber si esta desobediencia es simbólica o la primera de muchas.
"China siente que ahora está al volante en sus relaciones con Estados Unidos y puede rechazar las demandas de Trump sin pagar ningún coste, así que su medida es mucho más que simbólica. China ha llegado a la conclusión de que el futuro se escribe en Pekín y que Estados Unidos necesita más a China que viceversa. Los chinos entienden los ciclos de las elecciones estadounidenses y sus imperativos mucho mejor que antes", señala Stanley Rosen, profesor de Ciencia Política en el Instituto Estados Unidos-China de la Universidad de Carolina del Sur.
China aprobó en 2021, a finales del primer mandato de Trump, la vacuna contra los previsibles excesos estadounidenses: la Ley contra la aplicación extraterritorial injusta de leyes y medidas extranjeras. La mantuvo en el cajón hasta el pasado fin de semana. El momento no es casual. En breve aterrizará Trump en China con la urgencia de conseguir algo sustancial para aliviar el anunciado batacazo republicano en las elecciones de medio mandato.
"Una forma de bullying"
"Las leyes de bloqueo han sido invocadas porque Estados Unidos ha abusado con frecuencia de las sanciones unilaterales y la jurisdicción de largo alcance, actuando como una policía global y usando las sanciones para limitar las actividades económicas y comerciales de las compañías chinas. Es, en esencia, una forma de bullying”, ha explicado Liu Chunsheng, profesor de la Escuela de Comercio y Economía Internacional de la Universidad Central, a la prensa hongkonesa.
También China proyecta su influencia más allá de sus fronteras pero muy lejos en frecuencia, intensidad y desparpajo. El presidente de Taiwán, Lai Ching-te, canceló recientemente su viaje a Esuatini, el único país africano con el que la isla mantiene relaciones, porque tres gobiernos le denegaron la entrada en su espacio aéreo. Lai acusó a Pekín de presiones y esta respondió que son naciones soberanas e hicieron lo correcto. "Estados Unidos, y especialmente con Trump, grita sus amenazas y no siempre las cumplen. China lo hace tras el escenario, de forma que la parte que la ofende conoce el castigo, pero siempre queda margen para desmentidos verosímiles".
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