Aniversario
Diez años del intento de golpe de Estado en Turquía, el inicio de una represión sin filtros
La intentona del 15 de julio de 2016 sirvió al Gobierno del presidente turco Recep Tayyip Erdogan para purgar las instituciones, cambiar rivales por adeptos y facilitar la persecución de la oposición

Fethullah Gülen, predicador y supuesto golpista, de aliado a enemigo de Erdogan

Fue una noche que cambió a Turquía para la década por llegar. Aviones y helicópteros del grupo golpista, liderados por un clérigo oscuro turco exiliado, Fethullah Gülen, exiliado en Estados Unidos, retumbaban en los cielos de Estambul y Ankara, disparando contra el Parlamento y el mayor puente del Bósforo, donde cientos de seguidores del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se habían reunido en protesta del naciente golpe de Estado.
Un total de 250 civiles murieron y la intentona fracasó al cabo de pocas horas. El grupo de Gülen y sus seguidores, en el transcurso de la década anterior, consiguió penetrar en las instituciones turcas gracias a su alianza previa con Erdogan, que se alió con el clérigo en sus primeros años de Gobierno.
Eso permitió al grupo infiltrar a sus funcionarios, muchas veces a través de trampas, dentro del Gobierno: jueces, altos cargos, policías, generales, ministros, periodistas, banqueros, abogados, profesores universitarios y de escuela, entre otros. Muchos estaban afiliados al grupo que, cuando perdió su relación con Erdogan, intentó llevar a cabo el golpe como último recurso.
"Un regalo de Dios"
La intentona fue de hecho catalogado por el propio presidente turco como un "regalo de Dios": le permitió purgar a todos los miembros del grupo. Decenas de miles de funcionarios, algunos miembros de la organización, fueron expulsados y encarcelados. Esas purgas sirvieron para renovar las caras de los cargos públicos. En la actualidad, Erdogan y su formación controlan con absoluta firmeza el Estado turco.
"Hace unos años, en las entrevistas de trabajo en escuelas, preguntaban que qué opinaba del golpe de Estado, o qué pensaba de alguna política del Gobierno en concreto. Eso ya está mal, pero ahora directamente me preguntaron en la última entrevista de trabajo que hice que a qué partido voto", explicaba hace unas semanas una profesora de primaria turca. No consiguió el trabajo.
Desde ese 2016, el aumento en la represión contra la oposición ha sido gradual, apenas perceptible salvo fechas sonadas y excepciones. Pero ahora, todo está claro: el gran rival político de Erdogan, el exalcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, está en la cárcel desde marzo de 2025, con una retahíla de cargos que le podrían acarrear más de 2.400 años de cárcel.
Domesticar a la opisición
Su partido, el Partido Republicano del Pueblo (CHP, en turco) ha sido atacado hasta la saciedad desde entonces, y en su presidencia la justicia turca impuso un secretario general nada popular, después de que la policía atacase la sede de la institución a porrazos y gases lacrimógenos hace un par de meses.
El CHP es el partido con más municipios en su control en toda Turquía. En los últimos meses, decenas de sus alcaldes han sido detenidos por casos de supuesta corrupción. Los que se han pasado al partido de Erdogan se han salvado.
El objetivo del presidente turco, según sus detractores, es domesticar a la oposición, apartar del terreno de juego a los políticos que, según los sondeos, son más populares que él, como el alcalde de Estambul arrestado, y allanar su propio camino para las próximas elecciones, que deberían celebrarse, en principio, en otoño de 2027. Erdogan tiene 72 años, y tras 23 en el poder y un golpe de Estado sobrevivido, tiene aún cuerda para rato.
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