El entorno del líder ruso
La élite de Rusia se ve incapaz de convencer a Putin de acabar con la guerra en Ucrania
El sistema de poder que ha creado el presidente ruso margina a los funcionarios y hombres de negocios, más pragmáticos, en favor de los miembros de los servicios secretos, partidarios de alargar la contienda

A la izquierda, la portada de 'The Economist' que anuncia la entrevista con el oligarca Andréi Melnichenko. A la derecha, Iliá Traber, empresario cercano a Vladímir Putin acusado de vínculos mafiosos. / El Periódico

Fueron dos acontecimientos recientes sin aparente conexión. Pero involucraban a dos destacados integrantes de la elite rusa, ese privilegiado grupo de altos funcionarios, hombres de negocios, agentes o antiguos miembros de los servicios secretos, divididos en grupos de interés y que gozan de acceso al espacio de toma de decisiones en la Rusia de Vladímir Putin.
Por un lado, la publicación en el semanario 'The Economist', a principios de julio, de una inusual entrevista con Andréi Melnichenko, oligarca ruso de los fertilizantes y uno de los hombres más ricos del país, en la que admitía que el desfavorable curso de la guerra de Ucrania estaba sometiendo a importantes presiones a la economía y a la ciudadanía de Rusia, a la vez que prevenía al mundo, casi en tono de ruego, sobre las consecuencias de una derrota humillante de Moscú en el campo de batalla. Por otro, la inesperada detención de Iliá Traber, también hombre de negocios aunque con un perfil más controvertido debido a su vínculo con el crimen organizado, un personaje muy cercano a Putin durante los 90 y cuya caída en desgracia jamás habría podido producirse sin el visto bueno del presidente, constatan los analistas.
Ambos sucesos, creen los expertos, exponen de forma diáfana la doble realidad que está viviendo la élite rusa en estos críticos momentos en los que su Ejército parece haber perdido la iniciativa en el campo de batalla y en los que se acumulan las malas noticias sobre el estado de la economía. En primer lugar, demuestran una vez más la incapacidad de altos funcionarios y empresarios de élite, todos ellos conscientes de daño que está provocando al país la continuación del conflicto armado, de convencer al líder del Kremlin para poner fin a la guerra y conjurar los peligros a largo plazo que conlleva su continuidad. En segundo lugar, muestran al ojo público la lucha sin cuartel que se está desarrollando entre los clanes del poder por el control de los menguantes recursos económicos rusos, una pugna que corre el riesgo de acentuarse debido al cada vez más comprometido estado de la economía local.
Cuatro posibles escenarios
Durante la entrevista al semanario británico, presentada por su directora, Zani Middton Boedes, como una exclusiva mundial, Melnichenko diseña cuatro posibles escenarios de evolución para su país, ninguno de ellos, según el autor de la entrevista, el periodista Arkadi Ostrovski, "sugerente" para el Occidente colectivo. Se trata de un 'país fortaleza', con un control estricto de los servicios secretos rusos, una suerte de "Corea del Norte" en el corazón de Euroasia; la segunda opción es un país periférico de Europa, empobrecido, lo que fomentaría a la larga nuevos deseos antioccidentales de venganza, la tercera, un estado-satélite dependiente de China y finalmente la cuarta, una tierra inmersa en el caos, en un conflicto civil que se prolongaría años o décadas.
En un lenguaje totalmente inusual por su franqueza, según el análisis de 'The Economist', Melnichenko llegó a admitir que existía un enorme descontento social entre la población, que percibe cómo se halla ante "un callejón sin salida" debido a la guerra.

Mijail Jodokovski sigue la lectura de su segunda causa en diciembre de 2010. / Sergei Chirikov / Efe
Posibles receptores
Independientemente de la posibilidad de que las palabras del oligarca sean solo una suerte de globo-sonda del Kremlin, el elemento más relevante que se deduce de la entrevista es que la élite rusa, o al menos elementos destacados de la misma, son plenamente conscientes, no solo de la imposibilidad de ganar la guerra, sino de los riesgos que implica para la estabilidad y la integridad del país la prolongación del conflicto. Ello, por sí mismo, viene a explicar EL PERIÓDICO Andréi Yakovlev, investigador visitante en la Frei Universitaet de Berlín, no constituye ningún factor decisorio que acerque el fin de la guerra, sino más bien es un reflejo de la impotencia de la élite ante la belicista realidad rusa. "La mayoría de la élite en la Alemania nazi era consciente de que el país se dirigía a la catástrofe y no pudo impedirlo", recuerda, estableciendo un paralelismo con Rusia.
La reciente detención de nombres intocables vinculados al crimen organizado y cercanos en el pasado al presidente ruso permite entrever una pugna sin cuartel por los menguantes recursos de la economía rusa
El especialista afirma que esta impotencia "no siempre" fue tal, e incluso pone una fecha al momento preciso en que los hombres de negocios de la élite rusa fueron incapacitados por el Kremlin, 'manu militari', para ejercer presiones sobre el liderazgo del Estado. Ese episodio es la detención del antiguo patrón de la petrolera Yukos, Mijail Jodorkovski en 2003, y el posterior desmantelamiento de su grupo empresarial. "Jodorkovski tenía ambiciones políticas y quería competir con Putin", explica Yakovlev. Y su detención llevaba implícito "un mensaje" a otros empresarios que pudieran sentirse tentados de seguir su ejemplo, continúa.
En 2011 y 2012, llegó el turno a los altos funcionarios. Para impedir que en Rusia, sacudida por aquel entonces por protestas de gran magnitud debido al regreso de Putin a la presidencia tras cuatro años ejerciendo como primer ministro, se generaran "revoluciones de colores" como en el "mundo árabe", considera Yakovlev, el Kremlin impulsó al sector de la élite vinculada a los servicios de inteligencia en detrimento de los burócratas. "La muerte violenta de Gadafi impactó profundamente en Putin", subraya el analista, razón por la cual el presidente consideró necesario apostar por la represión.

Agentes de la Guardia Civil llegan a la vivienda de un mafioso ruso, en una causa que estaba incluido el empresario ruso Iliá Traber. / Montserrat Díez / Efe
Toda esta serie histórica de acontecimientos han acabado por atar de pies y manos a burócratas y hombres de negocios, los sectores dentro de la élite rusa más proclives a un alto el fuego y que eventualmente podrían ejercer alguna presión sobre Putin contra la guerra. "Aunque hablen y critiquen, y Putin los escuche, su mensaje no cala; además, no pueden emprender acciones" contra la guerra porque de inmediato serían represaliados, destaca el analista. En cambio, los denominados 'siloviki', hombres procedentes de los servicios de inteligencia, partidarios de continuar con el conflicto ucraniano, unos personajes por lo general con características personales 'particulares' -"carecen de escrúpulos, y valoran la lealtad personal ante todo"-, son quienes en la actualidad llevan la voz cantante en la toma de decisiones del Kremlin, sostiene el experto.
El segundo acontecimiento que expone la extrema situación que atraviesa la élite rusa procede, no de la portada de un semanario liberal y anglófono, sino de la segunda ciudad de Rusia, San Petersburgo, concretamente de los pasillos del Hospital Militar del FSB, donde a finales de junio fue ingresado el controvertido empresario Iliá Traber, bajo la acusación de haber ordenado el asesinato de Aleksándr Petrov, un hombre de negocios y político local, mediante un francotirador.
Las tres décadas de impunidad de las que ha disfrutado Traber, en el pasado muy cercano a Putin e incluso buscado por la justicia española por sus conexiones con la logia mafiosa Tambóvskaya-Maleshevskaya, -epicentro de las investigaciones de la célebre 'operación Troika' llevada a cabo contra el crimen organizado ruso en el año 2008 en la costa mallorquina- parecen haber llegado a su fin, un extremo celebrado por Anastasia Kirilenko, experta en la materia de la publicación 'The Insider'. "Traber era un protegido (de Putin) por su pasado común" que "llegó en una ocasión a pedir públicamente 'aplastar' a un fiscal", denuncia la reportera EL PERIÓDICO. El nombre de Traber ha aparecido, recuerda Kirilenko, "en investigaciones sobre las actividades de la logia mafiosa Tambov, sobre la privatización de los principales activos portuarios de San Petersburgo y sobre sus vínculos con el círculo íntimo de Vladímir Putin".
La periodista considera que la detención "jamás habría podido producirse sin la aprobación de Putin", y cree que su arresto apunta a movimientos de reparto de poder, contratos, empresas y prebendas. "Cuando falta el dinero, surgen las peleas", certifica Kirilenko.
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