Desastre en el país sudamericano
Horas cruciales en Colombia: se cierra la ventana de las 72 horas de supervivencia y empieza el tiempo del milagro
Los equipos de rescate trabajan sobre el terreno a contrarreloj, mientras se mantiene la cifra de 2.000 desaparecidos y hay mensajes contradictorios sobre las víctimas mortales

Voluntarios levantan los brazos para pedir silencio durante las labores de búsqueda en edificaciones destruidas por el terremoto de magnitud 7,4 del pasado lunes, este miércoles en Pereira. / CARLOS ORTEGA / EFE

A las cuatro de la mañana de este miércoles los colombianos volvieron a sentir que la tierra temblaba con epicentro en el departamento de Santander: la magnitud de 3,3 no provocó roturas ni desgracias, pero reavivó el recuerdo de que la desgracia se vive aún en presente, con el miedo en la piel mientras se acaba el tiempo para rescatar a las personas atrapadas tras los derrumbes. Los equipos de emergencia, bomberos y rescatistas voluntarios trabajan a contrarreloj. Los escombros establecen un límite. "Nos quedan 24 horas. A su término se cierra la primera ventana de 72 horas, aunque eso no quiere decir que no haya sobrevivientes después, pero sí es más difícil", reconoció el alcalde de Cali, Alejandro Eder. Una manera de decir que a partir del jueves solo pueden esperarse milagros. La palabra ya está en boca de las autoridades cada vez que sucede lo que parecía imposible y una persona vuelve a respirar al aire libre.
El presidente Abelardo de la Espriella decretó tres días de duelo. No se tiene todavía una cifra precisa de desaparecidos. Se mantiene el número de unos 2.000 contra los 496 que reportan las autoridades. También hay datos confusos sobre la totalidad de víctimas. El Gobierno habló este martes de 265 muertos. De acuerdo con un reporte de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), se contabilizan 3494 ciudadanos heridos, y 20.017 afectados. Además, 388 municipios han informado sobre 20.557 viviendas averiadas, 3.715 v destruidas, 64 edificios colapsados, 111 centros de salud dañados y otros 1.087 centros educativos con problemas similares. "El primer desafío es el de contar con la mayor cantidad de información posible sobre el alcance de los daños y la situación real de las víctimas. El colapso de las comunicaciones, en particular de las redes de telefonía celular, ha sido un obstáculo para esta tarea. El segundo es lograr que todos aquellos que han sufrido el impacto de esta tragedia y tienen carencias de algún tipo reciban ayuda oportuna", señaló al respecto el diario bogotano El Tiempo, en su editorial.
Venezuela y la ayuda internacional
No faltan por estas horas dramáticas los analistas que miran lo ocurrido en Colombia frente al espejo venezolano. Existe una diferencia importante respecto del impacto y la cantidad de fallecidos, más de 6.000 en el caso del vecino país: el Estado colombiano no se encontraba en una situación de vulnerabilidad y recursos como el venezolano el 24 de junio. Ante la magnitud del desastre, la "presidenta encargada", Delcy Rodríguez, aceptó de inmediato la ayuda internacional de donde viniera, incluso de Israel, un país que, durante el madurismo, se encontraba en las antípodas políticas del Palacio de Miraflores.
El presidente Abelardo de la Espriella había obrado en la dirección contraria, poniendo énfasis en la autosuficiencia del Estado para enfrentar la tragedia. Su colega de El Salvador, Nayib Bukele, envió un primer avión con 51 toneladas de ayuda humanitaria, pero el Gobierno colombiano les informó que no se requiere apoyo de personal. La Brigada de Rescate Topos, de México, aterrizó en Bogotá en la noche del martes. "Las autoridades colombianas no permitirán el ingreso de grupos de rescate externos, ya que la emergencia está cubierta por sus rescatistas nacionales. Actualmente, solo evalúan aceptar el apoyo de Estados Unidos, Ecuador y Chile", señalaron en un comunicado. "Me cuesta trabajo entender por qué en la solicitud de cooperación internacional no están incluidos sino los insumos. ¿Estamos en el momento clave del rescate de las personas que quedaron atrapadas por las construcciones devastadas y no necesitamos ayuda con eso? ¿Ni de un gobierno amigo?", se preguntó la académica Sandra Borda en las redes sociales. Ante las críticas, el mandatario se mostró dispuesto a revisar su postura. Eder defendió la prescindencia de la colaboración externa. En Cali, dijo, hay casi 400 rescatistas colombianos, principalmente locales y de Bogotá. "Tenemos que aprovechar nuestras capacidades en rescate para luego pedir apoyo".
El Gobierno, en tanto, hizo público el documento por el que se declara la "emergencia nacional", y en el que se establece la vigencia de un año que podría ser prorrogable. La UNGRD procederá a realizar la coordinación de acciones a partir de la evaluación de daños y análisis de necesidades por sector y nivel territorial. A su vez, De la Espriella dispuso una "emergencia económica". Su política de drástico recorte del gasto público, proclamada durante la campaña electoral, en un tono similar al del argentino Javier Milei, se ha vuelto impracticable bajo las actuales circunstancias. El mandatario anunció también la creación de un “Fondo Milagro” para administrar los aportes nacionales e internacionales que ayudarán a atender a las más de miles de familias afectadas.
La solidaridad interna
El Tiempo hizo una exhortación a la ultraderecha y sus adversarios: la emergencia obliga a poner entre paréntesis las querellas ideológicas. "Este no es el momento de los juicios y señalamientos y que tampoco pueden tener espacio alguno quienes de manera infame quieren sacar réditos políticos. Tristemente, se han visto casos. Estos días solo puede haber espacio para la unión en torno a un propósito superior: que las víctimas tengan alivio". El diario El País, de Cali, pidió a su población, una de las más afectadas, que se muestren "una vez más lo solidarios que pueden llegar a ser con quienes más lo necesitan" porque no es el momento de las disputas.
Pascual Gaviria, columnista del diario El Espectador, expresó cierto pesimismo. "No seremos mejores ante la tragedia, la pandemia lo dejó claro. Fuimos más emocionales al comienzo, más solidarios, más dados a la comprensión y la compasión. Pero más temprano que tarde, las carencias, el dolor, la incertidumbre trocaron esas emociones por la frustración, la rabia, la apatía". A su juicio, "es imposible que la atención gubernamental de las grandes tragedias no se convierta en un pulso político". Los llamamientos a la unión y la fraternidad "duran lo mismo que las sirenas de emergencia". La sociedad "se seca las lágrimas y vuelve al combate". La oposición "se muestra compasiva y propone, pero también debe comparar, señalar, sabotear el discurso benefactor y eficiente del gobierno. Todo eso se revuelve en la licuadora de las redes y el resultado es impredecible".
Lo que salta a la vista como reflexión recurrente es que el Gobierno de ultraderecha no ha tenido el tiempo mínimo de adaptación. Entre la altisonante toma de posesión, el pasado viernes, y la hora aciaga de la mañana del lunes en que la tierra cimbró, mediaron escasos días. Iván Duque tuvo un año de tolerancia. Al cumplirlo, la revista Semana habló de los 365 días de aprendizaje. De la Espriella no ha contado con más de 72 horas de gracia.
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Fuente: El Periódico
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