En algunos complejos turísticos baleares, jovencitos, en su mayoría ingleses, practican una serie de juegos peligrosos para su propia vida y salud: orgías etílicas, drogas, saltos desde los balcones de las habitaciónes a las piscinas y un largo etcétera. No entiendo por qué no se atajan estas acciones que van más allá de la libertad democrática adentrándose en el libertinaje.

Véanse también los sucesos en la Barceloneta. Vergonzoso. No sé por qué no se expulsa de inmediato y sin contemplaciones a estos personajillos a su país de origen para que vean qué clase de ciudadanos tienen y cómo actuan en país ajeno. Lo mismo deben hacer con los turistas amorales, que todos vimos actuar por televisión. Francisco Javier Sotés Gil. Valencia.