Nuestro Gobierno, con el presidente Sánchez a la cabeza, se vuelve a felicitar por la llegada a nuestro país de varios cientos de miles de vacunas que acabarán con el maldito virus en no se sabe cuánto tiempo. Así que los valencianos ya pueden ir suspendiendo la festividad de las Fallas, los andaluces la Semana Santa y todo pueblo o ciudad sus fiestas patronales para este año 2021. Aunque a nuestro Gobierno lo único que le preocupa es instaurar en nuestro país su ideología totalitaria, esa que le permitirá perpetuarse en el poder. Eso sí, si la economía no sufre una debacle catastrófica. De ahí a que no busque el consenso político y social a la hora de aprobar unas leyes como la de la eutanasia, la memoria democrática, la ampliación del aborto o la de educación. Lo lógico, si se diera la alternancia política, es que el nuevo Gobierno derogue o modifique las leyes que se aprobaron sin que se considerara ninguna de sus alegaciones o enmiendas. Por eso, un Gobierno que desprecia el parecer de los partidos de la oposición, y el de sus millones de votantes, y aprueba leyes que sólo contentan a una parte de la sociedad, nos da a entender que confía en permanecer en el poder durante más de una legislatura. De ahí que podamos deducir que su estrategia de gobierno sólo busca el rédito político que le asegure el voto mayoritario en las próximas elecciones generales. Este Gobierno sólo gobierna pensando en sí mismo, en sus propios intereses, en perpetuarse en el poder, aunque tenga que ningunear a media España, utilizar medios ilícitos o saltarse a la torera nuestra Constitución. Por eso, y por mucho que nos pese a todos, para librarnos de este conglomerado que nos desgobierna no queda otra que nos sobrevenga una hecatombe económica y social. Y cuando esto suceda, al igual que ocurrió con el presidente Zapatero y la crisis de 2008, podremos decir con razón que «no hay mal que por bien no venga».