Cuando sentimos o incluso escuchamos palabras tales como dolor, pena, tristeza… huimos despavoridos de esa situación, no queremos sentirnos en un vacío desolador que puede llegar a devorarnos sin dejar una pizca de nosotros mismos intacta. Desasosiego, angustia, tormento.. miedo al final, miedo a no saber como gestionar los sentimientos, miedo a no salir del bucle, a que tal vez nos transforme en alguien que no queremos, sin pensar que es necesario tener esos momentos, no aceptando que del dolor nace toda nuestra fuerza como seres vivos. La naturaleza nos demuestra cada día cómo sin sufrimiento no hay recompensa, si le facilitamos la salida del capullo a la oruga, no es capaz de conseguir circulación en sus alas y por tanto no podrá volar, si evitamos su tortura momentánea estamos sentenciando su supervivencia. No se trata de sufrir, ni siquiera de aceptar el dolor, es cuestión de saber qué hacer con él, de entender que es necesario y que si huyes, solo estas corriendo en contradirección. Nietzsche ya lo sentenció: «No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si este llega y trata de meterse en tu vida, no temas; míralo a la cara y con la frente bien levantada». Anais Albertos. València.