He leído la semblanza publicada con motivo del fallecimiento de Miguel Ángel Herranz.

Tal como se describe su vida en el ámbito musical parece que los hechos más relevantes de su trayectoria artística hayan sido aquellos cosechados hace más de 50 años y daría para titular, a tenor de lo que el periodista /articulista relata, que "los viejos rockeros nunca mueren".

Su faceta esencial en la música clásica con incontables actuaciones como concertista, solista y con orquesta, el haber sido maestro de un gran número de profesores hoy en activo o su estrecha relación con pianistas como Joaquín Soriano, Fernando Puchol o Mario Monreal, por lo visto no ha sido digna de destacar por quien se ha quedado con el aspecto más superficial de un gran músico y maestro.