Da la impresión de que nos estamos volviendo insensibles y nos estamos embruteciendo como sociedad. Pasan hechos ante nuestros ojos y a buena parte de la población les es indiferente muchos hechos que se producen cada día y la vida sigue como si nada. Y no estoy diciendo que estemos de llanto todo el día aunque creo que deberíamos reflexionar.

 En España se están produciendo hechos que muchas veces pasan desapercibidos a la gran mayoría, esa masa “amorfa”, que como decía Jimenez Soler, “con un desajuste enorme entre lo que creemos que sabemos de las cosas y lo que realmente sabemos” o aunque lo sabemos, dejamos que pasen.

 Hay algunos hechos que se dan, que exceptuando algunos sectores sociales, pasan como el aire, invisible. En lo que llevamos de 2022 llevamos nueve mujeres muertas por violencia de género, una cada 15 días de media. Según un Informe de la Universidad de Barcelona, encargado por el Mº del Interior, unas 235.000 personas cometen al año actos de violencia sexual y hay unas 350.000 victimas. Al mismo tiempo que entre los años 2019 y 2021 se consumaron casi mil asesinatos.

 En 2020, según el Mº del Interior, se produjeron un total de 1400 delitos de odio. Los más comunes fueron por racismo y xenofobia con 485 casos seguidos por los de ideología con 326 y los de orientación sexual con 277 casos. Por CCAA, donde más se produjeron fue en Andalucía, con 18 casos, C. de Madrid 11 casos y la C. Valenciana con 10. En el periodo 2014-2019 se incrementaron en España un 75%. En los años 2019- 2020, con las restricciones de la pandemia en este último año, sólo se redujeron en un 18%. ¿Nos estamos volviendo intolerantes?,¿ tal vez estamos entrando en una sociedad frustrada?.

 La violencia se ha vuelto costumbre y los abusos se cometen en cualquier ámbito ( en el ocio, escolar, laboral) tanto de forma virtual como presencial. Muchas veces son consecuencia de la frustración, que hace que recaiga en los demás con los que convive: la frustración genera agresión en la mayoría de los casos.

 Es muy probable que sea una consecuencia de la falta de expectativas y de futuro a medio y largo plazo. La inseguridad que se percibe a nivel laboral, habitacional, económica. El aislamiento de las personas que ha provocado en cierta manera las tecnologías de la información en forma de RRSS, la sobreinformación y desinformación. Un cóctel que me atrevo a calificar como peligroso.