He sufrido un hackeo en mi dispositivo. Desconozco la magnitud del mismo ya que el terminal funciona perfectamente, a excepción de unas misteriosas notificaciones por Internet, en las cuales se me invita a participar en un 'chat' con féminas ligeras de ropa. El 'modus operandi', innecesario exponerlo aquí puesto que es de todos conocido, procura dinamitar mi libertad de expresión. He recibido llamadas telefónicas, algunas internacionales, en las que se pueden escuchar oraciones religiosas, entre otras praxis. La religiosidad está instrumentalizada por quién sabe qué miembros anónimos de una hipotética organización política o religiosa. Jamás pensé que mis escritos fueran leídos y temidos por manifestar mi opinión sobre la actualidad más candente. Una ocupación más edificante requiere este tipo de personas que no se conforman con la democracia parlamentaria y buscan una solución cuya principal característica es el terror.