Las agencias de Inteligencia se dedican a la vigilancia del enemigo, cuando éste último ha demostrado, con hechos, sus pretensiones de alerta ante quienes consideran sus oponentes. Este modelo de actuación, impresentable desde que comenzó a funcionar, es comúnmente utilizado por los organismos internacionales, para alcanzar una anticipación en sus planes, ante los estados díscolos de la comunidad plurinacional. El deseo de tener todo controlado, de conocer cuál será el próximo paso del adversario, conlleva unas consecuencias deontológicas y militares cuyas características son de todos conocidas. Cuando se produzca una nueva orientación en las relaciones humanas e internacionales, podremos disfrutar de una sociedad más justa y solidaria. Ésa es la clave de los conflictos que nos azotan actualmente.