Ayer, hoy y siempre

Miriam Merino

Hace unos días ese alguien pude haber sido yo. Una patata que se fue por mal camino pudo haber sido el fin de mi vida. 

Si hoy estoy aquí, escribiendo esta carta, es gracias a todas las personas que lo dieron todo para ayudarme. Aunque mis recuerdos son borrosos, tengo claro que es la situación más angustiosa a la que nunca me había enfrentado, me ahogaba, no podía respirar y sentía que mi vida se escapaba mientras desconocidos a mi alrededor luchaban por salvarme. El personal del local junto a sanitarios que estaban alli cenando, se organizaron para que la primera palabra que pudiera volver a salir de mi boca fuera «gracias’.

Gracias ayer, hoy y siempre. 

Gracias a los héroes anónimos del Mercado de la Imprenta que salvaron mi vida.