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La ayuda que nunca llegó

M.ª Ángeles Navarro Andrés / Miguel Ángel Ganga Royo

Aldaia

Como afectada por la DANA que azotó nuestra región, recibí con esperanza la noticia del programa “Cerámicas con corazón”, destinado a ayudar a quienes sufrimos daños

materiales en nuestros hogares. En mi caso, esa ayuda nunca llegó.

Me llenaron de esperanza con palabras amables, correos alentadores y promesas de materiales que podrían aliviar, aunque fuera un poco, el desastre en mi casa. Me pidieron¡ que especificara los metros necesarios; incluso fui prudente y pedí menos de lo que realmente necesitaba. Durante meses, esperé con paciencia. Me aseguraron que mi pedido sería el siguiente, que sólo debía abonar 50 euros por el transporte. Acepté con ilusión, confiando en que al menos una parte de mi hogar podría empezar a reconstruirse.

Pero pasaron los meses y nadie llamó. Cuando volví a preguntar, ni siquiera encontraban mi solicitud. Finalmente, me ofrecieron unos azulejos que nada tenían que ver con lo que pedí: piezas pequeñas, de colores oscuros y con dibujos poco apropiados. Y ya ni siquiera los traían a casa: debía ir a recogerlos a un almacén, buscar transporte, cargar y descargar por mi cuenta.

Esto no es ayuda, es una falta de respeto a quienes ya hemos perdido tanto. Me siento humillada, despreciada. No por no recibir los azulejos, sino por el trato deshumanizado y la falsa ilusión que sembraron en mí y en tantas personas. Si no pueden ayudar, que no prometan. La esperanza es demasiado valiosa como para jugar con ella.

Espero que mi testimonio sirva para que las instituciones y organizaciones sean más responsables con sus promesas. La esperanza de quienes lo han perdido todo merece respeto y seriedad.

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