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La amistad

Pablo Nicolás Català

València

Vivir es ser otro, y tal vez por eso la amistad sea un frustrado intento de reconocernos en el reflejo de los demás. Pero qué difícil es sostener ese reflejo cuando cambian las luces del escenario, cuando la vida se mueve y nosotros con ella. Lo que un día fue complicidad superlativa puede tornarse a la otra punta del mundo sin que medie un reproche. Nos abrazamos, amigas y amigos, pero a menudo confundimos el eco con la voces. Cortázar dijo que las palabras nos separan tanto como nos unen, aunque a mí me estén ayudando en estos instantes. Y así ocurre, una frase mal inferida, un silencio prolongado, cansarte de que se rían de ti, y el suelo se agrieta bajo los pies. La amistad exige una atención que rara vez estamos dispuestos a concederle. Algunas amistades se fragmentan sin ruido, como un cristal debajo del agua. Otras se desdibujan porque una de las partes deja de creer. Recordad de lo que hablaba Benedetti: uno no elige a los amigos, los reconoce. Aunque tengo la sensación de que hoy parece más fácil perderlos que encontrarlos. Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, cantaba el poeta sevillano. Tal vez también las amistades pasan, y nosotros con ellas, buscando sin descanso ese gesto sincero que nos devuelva la fe en los otros.

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