Soy hermano
Pascual Gil Heredia
Estoy leyendo un libro titulado Mi hermano persigue dinosaurios de Giacomo Mazzariol, en el que los padres deciden tener un hijo con una discapacidad psíquica, y así; con rotundidad se lo comunican al resto de hijos. Los padres están convencidos, pero los hijos no tienen opción, asumen lo que sus padres digan. Ni unos ni otros saben qué va a pasar dentro de 50 años. Yo os lo cuento.
Cuando se tiene un hijo con discapacidad psíquica y/o física todo el mundo alaba la labor de los padres. Nadie va a cuestionarlo. La entrega y dedicación es absoluta. Pero a todo el mundo le pasa desapercibido la labor de los hermanos, que son los que van a asumir los cuidados y atenciones el resto de su vida.
Fíjense en los cálculos temporales. Los padres cuando tienen un hijo con discapacidad psíquica y/o física se hayan por regla general en la segunda mitad de la temprana edad adulta (20 -40 años). Esto significa que han vivido ausentes de lo que significa tener una persona dependiente a tu cuidado hasta mediana edad. Qué pasa con los hermanos.
Yo fui ausente de este problema (sí, de este problema) hasta los 5 años. Iba corriendo por el pasillo de mi casa de arriba abajo y, en una de esas, aterricé en la habitación de mis padres. Lo primero que vi fue un bosque de piernas de adultos rodeando la cama de mi madre. Tal y como hablaban a los niños en esa época, me dijeron: “sal de aquí, fuera”. Yo salí despavorido. En la huida, me topé en el pasillo con mi padre llorando y le pregunté: “Qué pasa, papá”. Me contestó: “que vas a tener un hermano enfermo” (tal cual, a bocajarro). Lo siguiente que recuerdo es el colegio. Antes de dar comienzo la clase rezábamos. Y la profesora después de rezar nos dijo: “Ahora sentaos y poned la cabeza entre los brazos y pedir un deseo”. Yo pedí repetidamente que mi hermano se curara.
Con este relato sólo quiero destacar una cosa; los padres se entregan en cuerpo y alma a sus hijos, más, si tienen una dependencia, pero éstos fallecen cuando los hijos tienen entre 40 y 60 años. Me atrevo a decir que cuando fallecen, les queda la esperanza de que el relevo lo cogen los hermanos. La diferencia que hay entre los padres y los hermanos es que los primeros tienen el sufrimiento de ver a su hijo dependiente durante un periodo de su vida. Los hermanos, durante toda su existencia. A mi madre le oí decir: “Ojalá mi hijo se muera 5 minutos antes que yo”. Me pareció una atrocidad. Pero yo ahora digo: “Ojalá mi hermano se muera 5 minutos antes que yo”. Durante esos 5 minutos seré consciente de que ha tenido una vida digna y disfrutada.
Ya sé la crítica: que mi hermano puede tener una vida en una residencia. Y es verdad. Hay que tener mucha fortaleza psíquica para tomar esta decisión que al principio te desgarra, pero que recompensa a largo plazo. Saben por qué, porque los hermanos ya podrán enfermar, ser hospitalizados o morirse, sabiendo que él/ella estará cuidado/a.
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