Alalimón
Pablo Nicolás Català
Nos hemos aclimatado a vivir en túneles, cada cual con su linterna, temerosos de cruzar una mínima mirada. Articulamos buscar la verdad, pero huimos del prójimo. Como el pintor de Sábato, creemos que sólo nosotros vemos con claridad y, en esa certeza, se nos pudre la ternura. La era de la conexión nos ha vuelto extrañamente solos. Conversamos sin voz, amamos sin roce y un tal Einstein decía que: “Vivimos en el mundo cuando amamos”. Y, sin embargo, algo en el pecho aún reclama compañía, un gesto, o una palabra dicha al unísono, o una risa compartida. Con esto ya os habréis dado cuenta de que la vida no se empuja en soledad, sino alalimón, eso es, con otro al lado tirando del mundo en compás. Que no nos remplacen nuestros algoritmos de las redes, que sea en todo caso un nosotros. Quizá el sentido —ese que tanto buscó el existencialismo— no esté en hallar respuestas, sino en compartir la pregunta. Si lo hacemos juntos, alalimón, hasta el túnel más oscuro tendrá salida.
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