Valencia, vecinos, políticos y “guiris”
Gregorio Gómez Gutiérrez
Pasear hoy por el centro histórico de València es como recorrer un parque temático con código postal, más pensado para el visitante que para el vecino. El corazón de la ciudad se ha convertido en territorio guiri, con apartamentos turísticos por todas partes y caravanas de maletas con ruedas donde antes había carros de la compra.
El precio de la vivienda se ha disparado tanto en alquiler como en compra hasta niveles históricos, y vivir en Valencia empieza a ser un deporte de riesgo reservado a quien puede pagarlo. Los barrios del centro se vacían de residentes y se llenan de turistas de paso, causando daños en el resto de barrios, mientras el Mercado Central muta en boutique gourmet para selfies, más pendiente del visitante ocasional que de la compra de la semana del vecino de toda la vida.
El pequeño comercio baja la persiana y, en su lugar, florecen franquicias de comida rápida y cadenas de restauración que convierten calles con identidad propia en un menú estándar que podría estar en cualquier ciudad del mundo. Los carriles bici y ciertas peatonalizaciones ayudan, sí, pero muchas veces parecen más atrezzo para el city branding que una apuesta seria por una ciudad cómoda y habitable para quienes la viven cada día.
Nada de esto es fruto de la casualidad: es el resultado directo de decisiones políticas, de años de mirar hacia otro lado mientras se disparaban los pisos turísticos, se encarecía la vivienda y se vendían los barrios al mejor postor. El poder político, municipal y autonómico, ha sido más diligente en proteger los intereses del turismo masivo y de la inversión especulativa que en garantizar el derecho a una ciudad vivible para su gente, pese a las advertencias del Consell Valencià de Cultura y de las asociaciones vecinales.
Defender una València viva no es estar en contra del turismo, sino de un modelo bendecido por los responsables públicos que expulsa a los vecinos y mercantiliza hasta las tradiciones. Porque una ciudad sin vecindario no es una ciudad: es un decorado de temporada, con fecha de caducidad.
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