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No voy a volver jamás al Ciutat de València

El equipo de mi vida ha decidido fichar a un jugador que representa el blanqueo de un genocidio

Los jugadores del Levante celebran un gol en el Ciutat de València.

Los jugadores del Levante celebran un gol en el Ciutat de València. / PAU PARDO

Luis Pomer Monferrer

València

Ir a ver al Levante con mi hijo (ahora de 15 años) ha sido durante muchos años la mayor ilusión de mi día a día. Sus lágrimas el día de la victoria contra el Burgos o el día de la derrota con el Alavés (y los posteriores) aún me emocionan. 

Mi cariño por este club comenzó de niño, cuando yo iba a un estadio de Orriols recién estrenado con mi abuelo, con el trenet y entre naranjos. 

Creía que pertenecía a un club señorial y honrado, que trabaja con discapacitados en la fundación y pionero en el fútbol femenino. Ayer, cuando antes de ir a dormir mi hijo me dio la noticia no me lo podía creer. El equipo de mi vida ha decidido fichar a un jugador que representa el blanqueo de un genocidio, de un estado terrorista. No hay más que ver las redes sociales de la federación israelí de fútbol para saberlo, lo mismo que hacen con sus equipos y sus selecciones de fútbol y baloncesto -por nombrar los más representativos- para vergüenza de toda Europa. Lo mismo hacen con Eurovisión.

Son tantas las ilusiones y las esperanzas que se pierden con esta inmoral decisión... Yo desde luego no voy a volver jamás al Ciutat de València. Mi hijo que haga lo que quiera, es por quien más lo siento: el equipo del Levante, que hasta ayer creía un ejemplo en todos los sentidos, se ha convertido en un equipo sin principios. No puedo entender esta decisión, pero tanto la secretaría técnica como la directiva y la presidencia son responsables de esta atrocidad.

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