La vida ha de seguir, pero no es fácil superar el trauma
Víctor Calvo Luna
La fatalidad y el infortunio han arrancado una rama vital de nuestras vidas. A partir de ahora, la pérdida, el duelo y las secuelas se convierten en los protagonistas de nuestra existencia. Que levante la mano quien no haya sufrido algún tipo de pérdida. Hago un ejercicio de memoria y me traslado al momento: mi madre se fue de repente. Un escalofrío me recorre el cuerpo, me encoge el pecho, y me cuesta horrores silenciar mis sentimientos. Dicen que con las pérdidas anunciadas se sufre menos. Creo que el sufrimiento, más que del momento, depende del vínculo afectivo con la víctima. Pero siempre le siguen tres compañeros fieles: el trauma de la pérdida, que no aceptamos y nos resulta injusta e incomprensible; la tristeza y el duelo necesarios para sobrellevar la vida; la difícil, pero necesaria aceptación; y las secuelas psicológicas, con las que tendremos que bregar y pedir ayuda, si la necesitamos. El acompañamiento, la ayuda y el tiempo serán necesarios compañeros de fatigas. Sirvan estas sencillas palabras para abrazar y consolar a las familias que han sufrido este injusto y horripilante accidente ferroviario. Os acompáñalo en el sentimiento.