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La bandera en la muñeca y el país que no quieren

Gregorio Gómez Gutiérrez

València

Cuando algunos ultras se atan la bandera de España a la muñeca, creen que están diciendo algo grande. Pero en realidad están diciendo lo contrario de lo que esa bandera representa.

España no es solo un territorio dibujado en un mapa. España son personas. Todas. Las que nacieron aquí y las que llegaron después. Las que piensan como tú y las que no. Las que aman distinto, viven distinto, creen distinto. España es migración, mezcla, ideologías enfrentadas, libertades conquistadas y derechos que no gustan a todo el mundo, pero que existen.

Por eso hay algo profundamente contradictorio en llevar la bandera mientras se desprecia a quienes no encajan en una idea estrecha de país. En rechazar a los migrantes, en atacar la libertad sexual, en negar la diversidad política y cultural, mientras se presume de patriotismo. En la muñeca llevan un símbolo que incluye exactamente todo lo que odian.

No es amor a España lo que exhiben, es apropiación. No es orgullo, es exclusión. Quieren una España reducida, homogénea y silenciosa, cuando la España real siempre ha sido ruidosa, plural e incómoda.

La bandera no es un filtro para decidir quién sobra.

Es el símbolo de todos, incluso de quienes algunos preferirían borrar.

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