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Ómnibus gripado

José Luis Vicent Marin

València

El decreto Ómnibus ha decaído. Ese “vehículo para todos” no arranca. Por más que se le da con precisión a la llave de contacto, el trasto motorizado dice que nanay, que dentro hay mucho viajero molesto y demasiados bultos en la bodega que esconden mercancías peligrosas.

Que no nos tomen por tontos. El conductor sabía lo que iba a pasar porque el motor de arranque está bloqueado por la derecha, la correa de trasmisión estrangulada por la extrema derecha y los frenos permanentemente accionados por células independientes. Aun así lo ha intentado para demostrar que el vehículo está parado por culpa de tales anomalías.

Que no nos tomen por tontos. Los tres elementos distorsionadores sabían lo que iba a pasar. Lo que quieren es, gripando el aparato, conseguir desalojar a esos viajeros con los que no congenian y sacar las mercancías que les asustan de la bodega para luego permitir que ruede lentamente, muy lentamente y tenga que hacer muchos viajes de ida y vuelta recogiendo únicamente al pasaje que les convenga a cuentagotas.

El problema de tal lentitud es que pocos, muy pocos van a llegar a su destino antes de que el fin de contrato obligue al piloto a bajar del vehículo.

¡Ah, bueno, qué tonto estoy, si es justamente eso lo que quieren los ansiosos relevistas!

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