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Comprensión y conciliación fallera

Mª Victoria Ramírez Quintana

València

Un año más se sucede la fiesta y con ella la alegría desatada y los problemas de convivencia.

No fue siempre así, es decir, no de esta gravedad. Aunque la instalación de carpas quizá se iniciara tímidamente antes, fue la alcaldesa Rita Barberá quien la elevó de categoría como una extensión, a mi juicio incomprensible, de los casales. Desde entonces, la cosa ha ido empeorando y ¿quién es el guapo o guapa que se atreve ahora a prohibirlas? Nadie. Hay mucho voto fallero. He leído un par de cosas que, entre tantas otras, me han llamado la atención. Una es la sucesión de misivas que algunas comisiones están enviando a sus vecinos, pidiendo y agradeciendo su comprensión, ¿y quién ha dicho que comprendamos?, ¿cómo se puede entender que, aun admitiendo su instalación -que no es mi caso-, puedan estar cinco días sin actividad impidiendo la movilidad del vecindario por el capricho de "pasarlo bien a toda costa"? La segunda es la normativa municipal que en “pro de la conciliación", permite su uso ¡hasta las 4 de la madrugada!, toda la semana fallera y algunos días más como el pasado sábado 6 de marzo. Eso sí, con límite de entre 85 y 90 decibelios según sea en interior o exterior que además de ser exagerado y sumamente generoso (vean comparativas en la IA), probablemente nadie cumpla.

Falta mucha conciencia en esta sociedad del divertimento en la que el ruido como elemento fundamental no respeta a, por ejemplo, ancianos y enfermos -lo vivo/malvivo en mi entorno- que no pueden descansar en sus propias casas.

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