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Ama las Fallas como puedas

Víctor Calvo Luna

València

Venir al mundo en Fallas nos moldea la personalidad; nos hace más creativos, alegres, luminosos y críticos. Pero aveces las circunstancias sociales no juegan a nuestro favor. A Juanito, desde niño, le habría gustado vestirse con el traje tradicional fallero, ser miembro de una comisión, ayudar a montar su falla, desfilar con la banda de música y cantar al unísono 'Paquito el chocolatero' y el 'Himno de Valencia', tirar petardos en la despertá, desayunar buñuelos con chocolate, aprender a cocinar una buena paella a la leña... Incluso le habría gustado colaborar en la edición del Llibret, y tener una novia fallera luciendo hermosas arracades. Pero era el hijo mayor de una familia inmigrante andaluza y numerosa, trabajadora y pobre. El día de su cumpleaños, se asomaba furtivamente para ver la plantá desde el terrado comunitario, emocionado y feliz. Y soñaba: «es una falla humilde, pero es la mía». En el 58, el sarampión y la luz roja le escamotearon la fiesta. En la adolescencia y la época laboral tampoco pudo acceder a su sueño de ser fallero, y poco a poco se distanció de la fiesta. En la edad madura recuperó su ansiado deseo, y volvió a emocionarse con los primeros pasacalles, los puestos de buñuelos, la traca, los trajes regionales, el bullicio. Así que, se compró el traje de saragüell, se anudó a la cabeza el mocador, se calzó las espardenyes y se echó a la calle feliz y sonriente. Si pensarlo se sumó al desfile de una comisión fallera. Un mozo lo miró y le dijo: «creo que se ha equivocado ¿a qué falla pertenece? Juan, muy serio y exultante, le respondió: «¡a todas, hijo mío, a todas!».

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