Rosita, quizá soy el último que te recuerda
Víctor Calvo Luna
La vida puede ser un regalo, o una oportunidad, o un castigo; o las tres circunstancias. En 1995 nos fuimos a vivir a la Ruzafa exterior, más allá de Peris y Valero, con la vía del tren como frontera. A tres calles del cuartel de Zapadores y junto a la huerta. Donde mi padre me llevaba, saltando acequias, a buscar setas de chopo y lombrices para pescar. Ocupamos el quinto izquierda de una finca de cinco plantas sin ascensor. Pegado a ella estaba el almacén de la lejía Los Tres Ramos. En el tercero derecha vivían Rosita, su hermana Fina, y sus padres: la señora Rosita y el señor Pepe. Rosita Molina trabajaba como secretaria de dirección en la lechera Nutricia de Valencia. Era «una mujer de bandera», como se decía entonces; alta, morena, nariz y pómulos perfectos, piernas esculturales, carnes bien puestas, risueña, con carácter, inteligente y autosuficiente. Los hombres se giraban y la piropeaban a su paso. Nunca se casó. Se compró un R5 rojo, uno de los primeros que hubo el Valencia. Su padre, taxista, había sido jugador del Valencia Foot-ball Club. Cuando la conocí Rosita tenía 25 años, la edad de mi madre, y consentía que muchas tardes de verano, este niño, bajara a su casa a jugar, a mirar la plaza desde el balcón, a merendar, y luego hacer la siesta en una habitación fresca. Un día nos contó muy enfadada que, de camino al trabajo, la había abordado un hombre, le había dado un pellizco en un pecho y había salido corriendo. «¿Qué placer ha podido obtener el muy desgraciado?». A Rosita, en lo mejor de la vida, 45 años, se la llevó con prisa un ejército devastador de células malignas. Hace más 50 años que te echo de menos. Me temo que soy el último que te recuerda. Para mí no eras una rosa; eras un jardín de afecto, generosidad, respeto y alegría. Gracias por cuidarnos, por haberme aficionado a la leche condensada y al chocolate con cromos de Las Maravillas del Mundo. Gracias por llenar mi infancia de amor y sonrisas. No sé si estarás en algún lugar del universo, pero en mi corazón vivirás siempre.
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