Contra el chantaje sindical a nuestros hijos
Ana María Calvo
A quienes se autodenominan defensores de los derechos mientras pisotean los de los más vulnerables:
Me dirijo a ustedes no solo como madre, sino como ciudadana que observa con asco una estrategia que no tiene otro nombre que extorsión académica. Convocar paros a ocho días de terminar el curso de Bachillerato no es una medida de presión laboral; es un acto de sabotaje premeditado contra la juventud de este país.
Deseo desmontar, punto por punto, la supuesta legitimidad de sus actos:
No es lucha, es cobardía: ustedes no están enfrentándose al sistema; están tomando como rehenes a estudiantes que no tienen voz ni voto en su conflicto. Atacar al eslabón más débil en el momento de mayor fragilidad —la recta final de su formación— no es heroísmo sindical, es de una frialdad moral absoluta.
La falacia de sus "derechos": ningún derecho laboral está por encima del derecho fundamental a la educación y al futuro de una generación. Sus reivindicaciones pierden toda validez ética cuando, para lograrlas, deciden destruir el esfuerzo, las ilusiones y el trabajo de miles de jóvenes que se juegan su vida en estos ocho días.
Premeditación y maldad: la elección de estas fechas es un cálculo perverso. Saben que es cuando más daño hacen, y lo hacen a sabiendas. Eso no es buscar justicia; es aplicar una política de tierra quemada donde lo que importa es su beneficio personal, aunque para ello tengan que dejar un rastro de estudiantes tirados y familias desesperadas.
Ejemplo social nefasto: ¿qué futuro pretenden construir destruyendo el presente de sus hijos? Están enseñando a la sociedad que el chantaje es una herramienta válida y que el esfuerzo individual no vale nada frente a la tiranía de unos pocos.
Basta ya de disfrazar de "lucha social" lo que es pura maldad y falta de escrúpulos. Se llenan la boca hablando de lo público mientras hunden la educación pública desde dentro. Sus métodos son de juzgado de guardia y la sociedad no va a olvidar que, cuando nuestros hijos más necesitaban apoyo, ustedes decidieron soltarles la mano para mirarse el ombligo.
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