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Tontos, listos, viejos y sabios

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José Luis Vicent Marín

València

Trece años después del “asalto” a la sede del PP y con el proceso judicial de la Kitchen y demás flecos de la Gürtel en marcha, llega el momento PSOE donde también su sede (¡cuánto peligro encarnan!) ha sido vaciada por miembros de la UCO desplegados como un auténtico regimiento, que es un acrónimo entre “registro” y “requerimiento”, de manera que con suerte, allá para 2039 tendremos las primeras noticias de juicios y sentencias. 

Cuando los veo y los vi, los oigo y los oí, los veo y los veré, los oigo y los oiré, las tripas se me revuelven por la facilidad con que han transformado (o transformarán) sus caracteres, adoptando uno de esos calificativos del título normalmente contrario a aquel con que se iniciaron.

Prescindiendo de nombres y sin juzgar si ya han pasado o pasarán más pronto que tarde de un estado a otro, valgan algunas frases épicas que constituyen la base ética y moral de este país, como “esto es el mercado, amigo”, “ese señor del que usted me habla”, “lo que se pactó fue una indemnización en diferido en forma de simulación”, “¿qué coño es eso de la UDEF?”, “sin cebo los pececitos se van a otro sitio”, “lo que ha fallado son dos personas”, “no he oído hablar de nadie por arriba, ni por abajo, ni por izquierda ni por derecha”, “el que pueda hacer que haga”, “no recuerdo nada de lo que me está preguntando”, “tendría el móvil en la mochila” “aquí hay doble vara de medir”, “no formo parte de ninguna trama”, “me gusta la fruta” o las más universales y recurrentes “no sé, no me acuerdo o no me consta”.

Unos que parecían tontos acabaron más listos que nadie, otros que parecían listos ahora se les ha puesto cara de tonto. Y en ambos casos, el tiempo a unos los transformó en viejos desmemoriados y a otros los llenó de una sabiduría cercana a la de los dioses.

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