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El conflicto educativo valenciano necesita una pausa, no un vencedor

Quizá ha llegado el momento de explorar una propuesta sencilla: una pausa de 48 horas en la confrontación pública y la celebración de una sesión de escucha estructurada previa a cualquier nueva negociación

La acampada de profesores en València.

La acampada de profesores en València. / Miguel Angel Montesinos

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Alfonso Fabregat Rosas

Betxí. Profesor de Secundaria. Doctor en Filosofía

Tras semanas de huelga, movilizaciones y declaraciones públicas, resulta difícil escapar a una sensación compartida por gran parte de la comunidad educativa y de la sociedad en general. Hoy más que nunca las posiciones que defienden las partes parecen más alejadas que al principio.

Sabemos que cuando un conflicto se prolonga durante demasiado tiempo, existe el riesgo de que las partes enfrentadas dejen de intentar convencer a la otra y pasen a intentar demostrar fortaleza ante los propios. Es en ese momento cuando la negociación deja de centrarse en los problemas y comienza a girar alrededor de identidades, prestigio y reconocimiento.

Como es lógico desde fuera resulta imposible saber quién tiene razón en cada una de las cuestiones que se discuten. Creo que tampoco nos corresponde a los ciudadanos de a a pie determinarlo. Para eso existen representantes legítimos de la Administración y de las organizaciones sindicales a los que les hemos dado nuestra confianza.

Pero sí me parece razonable afirmar que el actual bloqueo perjudica a toda la comunidad educativa y que la ausencia de diálogo efectivo beneficia a muy pocos.

No podemos seguir así. Quizá ha llegado el momento de explorar una propuesta sencilla: una pausa de 48 horas en la confrontación pública y la celebración de una sesión de escucha estructurada previa a cualquier nueva negociación.

Por ello propongo que, antes de cualquier nueva movilización o medida de presión, Administración y sindicatos acepten una sesión pública de escucha de dos horas moderada por una persona independiente de reconocido prestigio, no para negociar reivindicaciones concretas, no para firmar acuerdos. Simplemente para responder tres preguntas:

¿Qué objetivos compartidos siguen existiendo entre ambas partes?

¿Qué obstáculos impiden actualmente la negociación?

¿Qué primer paso concreto estaría dispuesto a dar cada actor para desbloquear la situación?

Antes de negociar salarios, plantillas o recursos, en este momento las partes deberían responder públicamente qué están dispuestas a hacer para volver a negociar. Las respuestas podrían hacerse públicas y servir como punto de partida para reconstruir una mínima confianza. Sin una mínima confianza no hay posible negociación.

Las sociedades democráticas no se fortalecen cuando una de las partes logra derrotar a la otra, sino cuando son capaces de seguir hablando incluso en los momentos de mayor desacuerdo.

La educación valenciana necesita acuerdos. Pero antes de los acuerdos necesita diálogo. Y antes del diálogo necesita escucha.

Quizá el próximo paso no sea hablar más fuerte, sino escuchar mejor.

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