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El paréntesis del papa

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Víctor Calvo Luna

València

Soy ateo por la gracia de Dios y el fútbol no me vuelve loco, pero esta semana les doy las gracias a León XIV y al Mundial de Fútbol porque los informativos no me despertarán con acusaciones, enfrentamientos, improperios y crispación. La visita del papa ha eclipsado las noticias apocalípticas y catastróficas, y el fútbol ha puesto el foco en una motivación común, deportiva y lúdica, exenta de 'gerracivilismos'. Solo le pido a Robert Francis Prevost que aproveche su visita e interceda para que el gobierno valenciano ponga en práctica la doctrina cristiana de la que presume, y escuche las justas reclamaciones de la educación pública; para que practique la humanidad, el diálogo y la cordura; que no insulte ni agreda al pueblo; en resumen: que no sea ta fariseo. Por otro lado, al fútbol le pido que nos aleje del individualismo y la desconfianza, que nos fomente el interés colectivo y la camaradería, y ese sentimiento olvidado de que lo importante no es ganar, sino participar. Tal vez peco de soñador iluso, y estoy pidiendo imposibles. Y es que, en el fondo, no soy tan descreído y materialista como parezco, y todavía creo en la bondad humana y en los milagros sociales. El papa pasará impregnando nuestra vida de blancura, buenas intenciones e impostadas manifestaciones de fervor religioso; y regresaremos inconscientes y obedientes al trabajo alienante y al cuadrilátero pugilista de nuestra tradicional gresca nacional.

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