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Mis joyas

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Víctor Calvo Luna

València

Hace unos años tuve que vender la cadena y la medalla de oro de la comunión. La crisis económica no me dio muchas alternativas. Conservo una cámara Kodac de mi padre; de esas que se compraban, en los años 60, las familias con pocos recursos, para inmortalizar las reuniones familiares. El reloj con correa blanca de la comunión duerme, junto al pito de marinero, en algún cajón. Tengo dos relojes; uno de los chinos sin batería y un Festina de 50€ que compré para lucirlo en la graduación de mi hija. Tengo una pulsera de acero que me regaló mi pareja; tal vez, para que nunca se quebrara nuestro afecto. Y tengo, finalmente, un anillo de metal con un ojo (sintético, claro), con el que me comunico con mi querida hija, que tiene otro igual. Todo lo he declarado en Hacienda, y estoy muy tranquilo. Que conste que no juzgo a nadie.

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