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No sé qué les pasa a los hombres

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Sol Zafrilla Medina

Silla

Hoy, como lamentablemente muchos otros días, he oído noticias terribles en la radio y visto imágenes desgarradoras en las rrss, relacionadas con la violencia machista, y voy a incluir en este término: violencia de género (hombres que agreden/matan a su pareja), pederastia (hombres que abusan de menores, e incluso se lucran con ello), violencia vicaria (hombres que maltratan/asesinan a l@s hij@s de su pareja), hombres que matan a otros hombres (guerras, venganzas…), y la gota que ha colmado el vaso, o mejor dicho, la chispa que ha hecho que mi rabia interior por todo ello (ya encendida), explotara, la ha provocado el ver las imágenes de un perro con múltiples heridas y casi paralítico porque un hombre lo tiró por el balcón para putear/maltratar… a su pareja, la mujer dueña del perro. Sí, soy animalista 100%, pero por favor, no me malinterpretéis: no es que los maltratos/abusos/asesinatos de personas me importen menos que los cometidos contra los animales, rotundamente no. Es que sencillamente ha sido la noticia que ha desbloqueado en mi interior la “normalización” (por tristemente frecuentes) de estas asquerosas noticias, y me ha hecho reflexionar acerca de algo de lo que ya he oído hablar (y muy bien, por cierto), a ciertos periodistas (Iñaki Gabilondo, Helena Resano) preguntándose “qué les pasa a los hombres”. Pues espero no defraudaros, pero reconozco que yo no tengo la respuesta a tal pregunta. Y precisamente por eso, voy a darle la vuelta. No sé qué les pasa a los hombres, ignoro qué les impulsa a cometer tales atrocidades. Desde la ignorancia (no soy experta en el comportamiento humano y mucho menos en el de estos “sujetos”), opino que probablemente influyan muchos factores (somos complejos): su condición genética, sus instintos primitivos, los antecedentes sociales o sus traumas del pasado, la educación que hayan recibido, si se criaron en una familia modélica (si es que eso existe), tradicional (que no es equivalente a “buena”), o desestructurada (lo que sea que esto signifique)… puede que todo esto sea el caldo de cultivo del que germinan estos comportamientos aberrantes, o puede que simplemente estén enajenados. No lo sé. Pero de lo que sí estoy segura es de que tod@s (el resto) tenemos un arma muy poderosa para combatirlos: la educación. La educación es como una vitamina. Si la recibes y la asimilas adecuadamente, te puede proporcionar muchos beneficios (en cuerpo y mente). Por eso, somos nosotr@s, las mujeres y los hombres de hoy, l@s que tenemos que tomar la iniciativa, asumir el mando, y educar a nuestr@s hij@s coherentemente para evitar que, el día de mañana, sean maltratadores/asesinos o mujeres abusadas/asesinadas. No queremos eso para nuestr@s hij@s. ¿A que no? Sólo educando desde el amor, inculcando el respeto a todos los seres vivos, mostrándoles los prodigios de la naturaleza, apreciando la belleza de su diversidad, y sobre todo, entendiendo que nadie es superior a nadie, lograremos que el futuro sea menos violento. L@s niñ@s, l@s adolescentes de hoy, son las mujeres y los hombres de mañana. Ell@s son l@s únic@s que pueden “corregir” esta situación. Por eso, nuestra obligación es educar a nuestr@s hij@s para que se conviertan en personas fuertes, sensibles, educadas y equilibradas, que no provoquen, que no toleren ni consientan el más mínimo machismo en sus vidas. Y especialmente nuestras hijas. Si son afortunadas, lo harán apoyadas por su compañer@, sus amig@s, sus familiares... Pero si están solas, habrán de ser capaces de hacerlo por sí mismas. Por eso hemos de criarlas (me encanta esta palabra, especialmente en un contexto tan duro), como mujeres fuertes y sensibles, seguras e inseguras (tod@s lo somos). Porque ellas serán las únicas que podrán cortar los hilos del sometimiento y erradicar la epidemia de violencia machista (recuerden todo lo que engloba el término) que nos oprime desde hace demasiado tiempo… Niñ@s, chic@s, hombres y mujeres. No tengáis miedo a la naturaleza, evitad las malas compañías, no dejéis entrar el odio en vuestras vidas. Creced buscando la energía positiva. Y no os dejéis aplastar. ¡Que vivan los animales!! (esto ya sí que ha sido coña…).

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