El sentido del trabajo en un mundo sin sentido
Guzman Blanco Saez
Vivimos en una situación que no invita al optimismo, miremos donde miremos parece que el mundo está algo roto, una sensación tan indescriptible como presente y que impregna todos los ámbitos de la vida humana, desde las relaciones sociales más pequeñas hasta las cuestiones económicas, sociales y políticas que deciden el devenir de nuestra sociedad.
Ante este panorama, uno puede tener la tentación de intentar aislarse e intentar alejarse del día a día de la forma que más le convenga y es aquí donde vemos una tendencia al alza de aquellos que prefieren alejarse del ajetreo de la ciudad dirección al campo o dirección a Bali a teletrabajar en bañador, pero también es en este panorama donde vemos la aparición de un síndrome ampliamente extendido entre la sociedad, especialmente en los jóvenes: “el síndrome del piloto automático”.
Este síndrome tiene manifestaciones muy comunes que quizá el lector haya experimentado en su propia piel, y que supone vivir como autómatas al ritmo marcado por la sociedad de lunes a jueves para poder así tomar el volante de nuestras vidas de viernes a domingo.
Creo que es una dinámica tan extendida como peligrosa porque acaba reduciendo al “yo” de lunes a jueves como el mero mantenedor del “yo” de viernes a domingo y creo que esto tiene consecuencias terribles en muchos ámbitos, pero especialmente en el trabajo.
Si de forma inconsciente se reduce el trabajo a la concepción de que es el “impuesto” a pagar con la sociedad para poder vivir de viernes a domingo acorde a lo que uno quiere realmente, es cuestión de tiempo que como trabajador uno vaya a mínimos, lo justo para que no le echen pero también es cuestión de tiempo que esa rutina vaya perdiendo el sentido y pesando cada vez más.
Frente a esto, creo que es urgente parar y darle una vuelta a cómo estamos enfocando el trabajo, en primer lugar creo que es importante darse cuenta de que entre semana más de la mitad de nuestro tiempo está vinculado a trabajar y por otro lado, atendiendo a teoría económica, si estás trabajando y estás recibiendo un salario por ello es porque estás aportando un valor, creo que como primer paso deberíamos cambiar la visión del trabajo como un precio a pagar por poder vivir y verlo como una aportación de valor que uno está haciendo a la sociedad a partir de la cual está recibiendo un pago. Si no, reto al lector a hacerme saber si hay algún trabajo que no aporte de forma directa dentro de una cadena de valor.
Creo también que convendría hacer un ejercicio interior previo a trabajar, en edad universitaria, para saber qué es lo que a uno le gusta, se le da bien y que es lo que a uno le mueve, y a partir de ahí tratar de decidir el ámbito en el que uno puede aportar valor y cambiando asi la concepción inicial del trabajo como un intercambio de horas por dinero para poder vivir y empezar a verlo como la forma más sencilla de poner nuestra esencia al servicio de la sociedad aportando valor y recibiendo un pago por ello.
Ahora bien, aunque uno haga este ejercicio y tenga muy claro cuál es el sentido de su trabajo, es fácil acabar en el bucle anteriormente descrito y es que hay que saber que hay tres grandes riesgos externos que nos afectan y que no podemos controlar directamente: el primero es el ambiente laboral, uno no puede cambiarlo y tiene que ser capaz de discernir si es algo que le está “tirando” para abajo y en ese caso intentar salir de esa empresa; el segundo riesgo son las expectativas: creo que es difícil alinear la expectativas del trabajador y la empresa ya que, para eso hace falta sinceridad y madurez por ambas partes; en tercer lugar, la motivación: es un elemento al que hoy se le da excesivo peso pero considero que con el tiempo y la madurez uno aprende a no depender de la misma.
Por otro lado, hay una serie de riesgos de los que uno forma parte activa y que sin duda son una trampa mortal para cualquier trabajador o empresa, la primera es Linkedin: una red social para profesionales que se ha corrompido hasta el punto de ser un vertedero de egos particulares adulterados con terminología inglesa que merman a cualquiera que pase más de 10 minutos al dia en ella; el segundo riesgo es lo que yo llamo “el efecto Boya” y es el moverse constantemente en el “Voy a hacer esto…” “Voy a hacer aquello..” Creo que es mejor pelear por el “He” en lugar de por el “Voy a” y por eso siempre que aparezca un “Voy a” es bueno preguntar o preguntarse “Cuándo” y “Cómo”. Por último el tercer riesgo es el del “raje”: en España somos campeones de muchas cosas y una de ellas es criticar, si hacemos un análisis rápido, la crítica nace cuando alguien hace algo que te molesta o que está mal. Si nos abstraemos un poco y vemos las dos posibilidades que hay, por un lado comentarlo con otros compañeros creando mal ambiente y por otro lado hablar de forma directa y sosegada con la persona para resolver el problema, no hace falta ser Adam Smith para saber qué es lo mejor tanto a nivel empresa como a nivel humano.
Tanto los riesgos externos como los internos forman parte del día a día y es difícil verse envuelto en ellos, por eso es bueno tenerlos claros para poder establecer un plan de acción para evitar caer en ellos, sabiendo que siempre hay margen de mejora y que esto es una carrera de fondo.
En definitiva, creo que hay que recuperar el sentido que le ponemos al trabajo que hacemos, sabiendo que no es tarea fácil tanto por el entorno como por el momento que vivimos pero que sin duda vale la pena hacerlo. Y con esto no me refiero a que haya que trabajar muchas horas si no a que hay que integrar el trabajo y su sentido como elemento imprescindible para encontrar y seguir el sentido de la vida.
Todo esto podría resumirse en aquella viñeta de periódico que vi hace unos años en la que tres personas trabajan bajo el sol en una cantera, al preguntarle que hacían el primero respondía “Estoy recogiendo piedras, ¿no lo ves?” el segundo a la misma pregunta respondía “Estoy trabajando para pagar los estudios de mis hijos” y el tercero con firmeza, alegría y sencillez respondía “Estoy construyendo una catedral!” .
Qué importante es que sepamos encontrar nuestras catedrales particulares y qué duro es estar solo recogiendo piedras.
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