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Jaume I, 750 años después

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Ramón Puchades Rincón de Arellano

València

Han pasado 750 años desde la muerte de Jaume I. En ese tiempo ha cambiado casi todo. No se trata de mirar el siglo XIII con mentalidad medieval ni de idealizar el pasado, sino de preguntarnos qué retos siguen pendientes. Una representación valenciana sólida y sin ataduras en el Congreso, una mayor madurez política respecto al autogobierno y la autogestión, una financiación justa, la recuperación del Dret Civil Valencià, una planificación del territorio que anticipe los efectos del cambio climático, un modelo económico más diversificado que trascienda el turismo, afrontar la saturación y masificación de los servicios públicos y preservar la lengua y la cultura propias son algunos de ellos. Seguramente haya muchos más. Pero mientras no afrontemos estos desafíos con sana ambición, autoexigencia y visión de futuro, corremos el riesgo de seguir esperando otros 750 años. Jaume I impulsó la creación de un regne con instituciones políticas, jurídicas, sociales y culturales que proporcionaron estabilidad, y han perdurado durante siglos. Conocer las raíces no implica vivir anclados en ellas, sino utilizarlas como referencia para orientar el rumbo en tiempos de cambio e incertidumbre como los actuales. Aprender de la historia resulta esencial para comprender los errores y poder avanzar en la dirección adecuada respecto al bien común y los intereses colectivos como sociedad. Qui perd els origens perd la identitat, i ara això, sí toca.

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