¿Marruecos tiene un plan. ¿España tiene uno?

Varios agentes de la Policía Nacional vigilan una playa de Ceuta el pasado sábado. / Juan Carlos Lucas / Europa Press
Juan Carlos Pérez Álvarez
Sobran las razones para comprender que el asalto sobre Ceuta desde territorio marroquí no es para nada un derecho de autodeterminación aplicado por más que los que ingresaron pudieran haber sido o no la mitad más uno del “nuevo censo resultante” (curiosa forma especulativa de percibirlo, pues si un millón de españoles tomase determinado territorio, por poner, el rif, y después de asumirlo España, le reconociera la independencia, usaría el mismo pseudoargumento, por la vía de los hechos, básicamente, porque yo puedo, porque yo lo valgo, porque yo soy yo y tu eres tu, y eres impotente); que dicho sea de paso, es imposible de saber ni cuantos entraron, ni cuantos salieron, por lo menos, no durante un largo periodo de tiempo. Para algunos el caso de Ceuta es un molesto pañuelo que si hay que dejar en algún lado, pues se tira y se olvida. Algunos no olvidamos la semana de después del día del sahara de 2007 porque dio cancha a publicar el libro Jaque al Pastor en el Estrecho. Esto no es un territorio a descolonizar, Ceuta no es un territorio ajeno a la estructura jurídico política del estado español. Ceuta es España. No querer entender esto supondrá problemas cuando, si aceptan cualquier forma de desapego y desafección respecto de su electa españolidad, supondrá cuestionar por completo, de integridad, la estructura territorial jurídico política del llamado régimen de 1978 en el que se inserta la ciudad autónoma de Ceuta, así como la de Melilla, en este caso, aparentemente, no en fase de polémica. Y eso incluye el desgajamiento potencial por vía jurídico-política de cualesquiera territorio constitucional español, esto es, cualquier comunidad, provincia, region, comarca o municipio que lo quiera hacer, salvo la fuerza, no habrá argumento a no dejarle marchar, si Ceuta no puede elegir lo que quiere ser, en este caso, españoles, y se les permita seguir siéndolo.
Efectivamente las técnicas de apaciguamiento no son solventativas respecto de la relación con Marruecos y a tal fin hay que ejercer la valentía que decíamos en el anterior texto sobre proyectos estratégicos, como ampliar la estructura del vallado del dique del tarajal unos 850 metros adentro del mar, cosa que se puede hacer por 50 millones de euros, en una estimación propia. O, dadas las circunstancias, un esquema de paso submarítimo parecido al que hacen en el estrecho del báltico, de 18 km de distancia, el Fehmarnbelt, que se hace por tramos que se hunden, pero, en buena lógica, pongamos entre cala arenas en cádiz y playa de calamocarro en ceuta. Un proyecto patriótico de construcción nacional entre españoles, y que si luego se puede internacionalizar, que sea un añadido, no definitorio del proyecto. Hay muchas incógnitas, y mucha mala leche a la hora de instrumentalizar las crisis, donde en vez de pensar en la mirada estructural, se va a deguello sobre tratar de vencer al otro, aunque nominalmente sea tan español como tu, sólo porque piensa distinto en la aspiración a la configuración del poder dentro de las instituciones en España. Y eso parece que hace diferente a España de Portugal, respecto a Chega. Pero eso es harina de otro costal. Propuestas de retaliación existen, son verídicas, y en este caso lo serían por deferencia a 85 españoles, muy españoles y mucho españoles que habrían sido humillados al sufrir las consecuencias para con su ciudad y circunstancias. Y esa legítima aspiración de restauración del orgullo herido, esas cuatro comunidades religiosas ceutíes en unión, esa junta de portavoces siendo voz unánime en el inicio de la tormenta al terminar de escalar, cuando al séptimo día eclosionó y llegó al circuito comunicativo peninsular … Lo importante no es sólo tener ideas sino tener la valentía de darle cauce legal, virtuosismo de constructividad, y tratar de sortear el altamente radioactivo proceso burocrático, tal y como, dicho sea de paso, el gobierno vasco ha avanzado con un proyecto de ley que está a punto de ir a tramitación. Lo que se necesita ahora no puede esperar 20 años de desarrollo normativo antes de poder poner la primera pileta y dar la primera palada. Mejor habría sido anteayer, pero eso ya pasó y no volverá.
Sobre cosas que no vuelven, la infancia es una de ellas. No deja de sorprenderse uno que algunos que no tenían despecho en buscar la caída de Pedro Sanchez porque lo que correspondía era buscar que no sólo le dejasen abandonado (incluso olvidando los acuerdos de investidura y las promesas pendientes de cumplimiento) sino incorporarse con albricias y jolgorio a una mocion de censura que pasaba invariablemente por la presencia de vox. Si, ese vox con todo lo que tiene en respecto de ser refractario respecto de muchos de esos partidos no franquiciados con sede en Madrid. Y ahí está el punto, cual Hellen Lobjoy y su pero es que nadie va a pensar en los niños, salieron a criticar a Nerea Melgosa y a EAJ-PNV por las siguientes declaraciones. "La primera obligación del Estado no es repartir menores", sino "agotar las vías administrativas para que vuelvan con sus familias". Lo cual no significa que no haya que acoger menas que en su caso hubieran quedado producto del reflujo de la ola de Arbeit Komands que entraron en ceuta para el día de San Ignazio, no, es otra cosa. "Antes de repartirlos entre comunidades, debe intentarse la reunificación familiar y agotarse las vías administrativas para localizar a sus familias". Es decir, no instrumentalizar a los niños, infantes, adolescentes, y si estos son marroquíes, y tienen familia en Marruecos, lo que no puede ser es que vayan a suelo español o europeo para que su desarrollo de 11 a 20 años se lo pague el erario público, y entonces vuelvan con sus padres, o sus padres vayan a donde estén en suelo europeo, pues ese marco sería contrario a cualquier concepción tradicional europea del concepto de familia, y diría, que, salvo que el que se ocupe el estado de manera directa, las opciones de izquierda socialista estarán de acuerdo en que mejor con los padres que en la mayor parte de las circunstancias que se dan en Europa, toda vez que incluso alguno de sus cargos electos municipales llegan a asegurar en privado llevar a sus niños a colegios concertados para no coincidir con esa … gente. Si, incluso llevando gente española muy española y mucho española a sus críos en ikastolas en el norte de Navarra, para eso no hay problema, dan indulgencia plenaria. Deus vult!
Con Agostía, no sé si de levante o de poniente, este tema tiene recorrido, toda vez existió la amenaza de repetir lo del día de San Ignazio en torno a las lágrimas de San Lorenzo, las famosas perseidas, y, claro, los relatos que todo lo pueden desde los tiempos en los que en la prehistoria, tras una jornada temerosos de los dioses embozados en el sol, la luna, y los demás elementos de la naturaleza, se juntaba la tribu y se contaban y escuchaban historias, algunas verídicas, otras embellecidas, otras tal vez de todo punto inverosímiles, pero el relato, ah, el relato … como lo decía Tyrion Lannister? ¿Qué une a la gente? ¿El oro? ¿Los ejércitos? ¿Las banderas? Las historias. No hay nada más poderoso en el mundo que una buena historia. Nadie puede detenerla, ningún enemigo vencerla. Precisamente por eso hay que buscar no la objetividad, que eso es imposible, pero si la honestidad a la hora de transmitir los ingredientes que componen la realidad y en el órden en el que los exponemos. Eso debemos buscarnos, como seres humanos. Y comprender, que en este caso, no es posible situarse del lado marroquíe, porque de ellos son las violaciones sistemáticas de derechos humanos. Como diría Desmond Tutu, si tienes duda entre opresor y oprimido, querida, ya elegiste, y eso tampoco podemos hacerlo. Estar del lado de España es una opción, pero no es necesario ser español para describir estas circunstancias, ni ser nacionalista español, ni turbopatriota español ni facha para reconocer a los ceutíes, melillenses, así como, porque no, los canarios, su derecho inalienable a elegir lo que deseen ser. Y eso, para los ceutíes, pasa por ser españoles. Hay quien dice que si hacen una consulta para ratificar su españolidad como hicieron en Malvinas o en Gibraltar. De los míos nadie se opondrá, si así lo deciden. Es su responsabilidad. Pero lo mismo que hay que revalorizar el, valga la redundancia, valor de las palabras, donde no todo se puede decir alegremente, sabiendo el contexto en el que uno está y donde se puede decir que y como, sin limitar el derecho de libre expresión, pero quedaría raro discutir cual es el mejor Batman en misa, y quedaría raro discutir sobre el mejor evangelio en un medio término de un partido de fútbol, y debiera ser raro discutir sobre jugadas de la jornada de liga en el pleno del parlamento. Una vez entendido eso, el sentido de los actos debe tener el peso correspondiente, y que decir y hacer son cosas distintas. Izena duena izana du, Izana duena izena du. Lo que tiene nombre existe, y lo que existe tiene nombre. Y si tiene nombre, por algo será. Y como diría el doc emmett brown, el pasado no está escrito, digo, el futuro no está escrito, y se puede cambiar. Así que labraos uno bueno. Para vosotros y para los vuestros. In te Domine, speravi. Non confundar in æternum!
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